La idea giussaniana de la virginidad en un recuerdo de don Valerio, misionero en Nairobi (Kenya)

El encuentro con don Giussani ha sido para mí el encuentro con un “padre”, sin el cual no sería ahora sacerdote ni ciertamente estaría en África desde hace más de 30 años.
La primera ocasión para pasar el tiempo con él me fue ofrecida por los ejercicios espirituales de sacerdotes del Movimiento, que se desarrollaron por primera vez en 1967 cerca del convento franciscano de la Verna. Giussani imparte una semana de lecciones, las mismas que unos días antes había dirigido a los miembros de los Memores Domini. Por la tarde nos reuníamos en torno a él y discutíamos de todo, en particular de dos temas: la vocación y la virginidad. Aunque era ya sacerdote desde hacía tres años, las palabras de este sacerdote de la Brianza dejaron su marca: me ayudaron a volver a comprender la experiencia de la virginidad, que hasta entonces miraba únicamente como una pérdida y un sacrificio. Para Giussani, en cambio, la virginidad era, ante todo, la plenitud de la vida como participación en la posesión verdadera que Jesús resucitado tiene de la realidad.

lea también

Todos los artículos