Este verano algunos seminaristas trabajaron como voluntarios en la Cooperativa Nazareno en Carpi. Un testimonio de Javier Rosales sobre la amistad con algunos niños discapacitados.

Pasé un mes en la Cooperativa Nazareno en Carpi, haciendo caritativa con personas discapacitadas que se ocupan de artesanía. Mi día era así: despertar temprano, Laudes y silencio, luego la misa; después íbamos a la cooperativa a desayunar. Me ha sido de gran ayuda tener un tiempo fijo y estable de oración para mendigar la disponibilidad de mi corazón y el aumento del afecto por los chicos, es decir la capacidad de ver a Cristo en sus rostros. Hubo un episodio particularmente significativo. Un día ayudé a Beppe, un anciano de setenta años con síndrome de Down, a hacer títeres, llenándolos de algodón. Tenía que hacer mis muñecos y al mismo tiempo ayudarle a hacer los suyos. Sin embargo, como no lograba empujar bien el algodón dentro de las formas, tenía que mostrarle continuamente cómo hacerlo. Continuamente significa cada 15 segundos durante tres horas seguidas. “Así no, se hace así, mírame. Con el bolígrafo lo empujas hasta la pierna del muñeco. ¿Lo ves? Coge el algodón y ¡puf! Lo metes hasta el fondo”. Él contestaba siempre así “¡Eh, eh! ¡Bravo, bravo!”. Después lo intentaba y volvía a fallar; y yo otra vez: “No, así no, mira cómo lo hago yo”. Y otra vez él: “Bravo, bravo, sí, sí”. Y así sucesivamente. Llegó la hora del almuerzo y yo estaba cansadísimo. Comimos juntos y veo que estaba contentísimo de haber trabajado “bien”: había sido una bella mañana de trabajo.

Más tarde entendí el valor de esa mañana: Dios también hace así conmigo. Una vez tras otra me enseña, es paciente. Una vez tras otra. No se cansa hasta que aprendo.

Además, estando en la cooperativa, entendí que cada una de estas personas realiza una actividad necesaria para el objetivo final. Cada uno de ellos es útil y necesario para el todo, incluso haciendo cosas a primera vista triviales y sencillísimas.

Pienso en mi vida en el seminario. Aquí también todo tiene un valor inmenso y los demás necesitan de mi respuesta personal a la tarea que tengo delante, es decir tomar en serio mi vocación y mi relación con Cristo. Mi día está lleno de pequeños gestos ocultos, aparentemente triviales. Los quiero vivir en la verdad, mirando el objetivo como esos chicos.

 

(En la foto, un momento de fiesta con algunos miembros de la Cooperativa Nazareno, en la casa de formación de Roma)

lea también

Todos los artículos