El saludo del padre Paolo Sottopietra al cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto divino y la Disciplina de los Sacramentos durante la misa de acción de gracias para el aniversario de los treinta años de la Fraternidad san Carlos.

Eminencia reverendísima,

Deseo darle la bienvenida a nombre de toda la Fraternidad san Carlo en esta iglesia y, junto al párroco, el padre Paolo Desandré, también a nombre de los fieles de esta parroquia, a los que les tenemos mucho afecto. Junto a ellos hoy están presentes muchos de nuestros familiares y amigos, las Misioneras de san Carlo que desde hace diez años comparten nuestra vida y nuestra misión, muchas personas que nos sostienen con su afecto, su oración y a menudo también con sus bienes.
Hemos deseado que Usted nos acompañara en este momento de alegría, por la estima con que Le seguimos desde el día en que, muchos años atrás, visitó nuestra casa de formación. En aquella ocasión nos llamó la atención la claridad del ideal de vida sacerdotal y el sentido de responsabilidad para con la Iglesia que sus palabras expresaban y que su vida encarna. La misma radicalidad que resuena en el título de su último libro, Dios o nada, que recientemente ha sido impreso en idioma italiano y que contiene, entre otras, unas páginas muy bellas sobre la oración.
Le agradecemos por la nitidez de Su reclamo. También nosotros quisiéramos vivir toda nuestra vida como un único gran diálogo con Dios, como un único gran gesto de adhesión a la Fuente misma de la vida. Y hoy queremos pedir que nuestra comunión pueda ser para muchos una ayuda en este camino.
En esta celebración queremos agradecer a Dios por los treinta años 
de vida y de gracias que han transcurrido desde el 14 de septiembre de 1985, día en que monseñor Camisasca y los primeros entre nuestros hermanos firmaron el acto de erección de nuestra Fraternidad.
Somos felices por el hecho de que el padre Massimo, hoy obispo de Reggio Emilia y Guastalla, esté hoy aquí para comenzar con nosotros este año de agradecimiento.
Agradezco también al padre Julián Carrón, aquí representado por Davide Prosperi, vicepresidente de la Fraternidad de Comunión y liberación a la que pertenecemos, y por el secretario general de nuestro movimiento, Giancarlo Martinelli, dos amigos queridos. Nos han traído el bellísimo saludo que el padre Julián quiso enviarnos para esta ocasión.
Finalmente, quisiera recordar con agradecimiento los nombres de tres hombres de Dios sin los cuales la Fraternidad no existiría: en primer lugar el padre Luigi Giussani, que sentimos como nuestro padre y maestro, el cardenal Ugo Poletti, al que debemos el primer reconocimiento eclesial de nuestra comunidad, y san Juan Pablo II, que ha reconocido la madurez de nuestra experiencia, concediéndonos el reconocimiento pontificio en 1999. A ellos les pedimos que desde el Cielo nos custodien en nuestro camino.

Iglesia de Santa Maria del Rosario ai Martiri Portuensi, Roma (Magliana), 12 de Septiembre 2015.

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