La enseñanza de la fe está al centro de la obra misionera: un testimonio desde Nairobi, Kenia.

En nuestra parroquia, que tiene una población muy grande compuesta principalmente de familias jóvenes, el catecismo se caracteriza por los grandes números. Son más de doscientos los niños que se preparan para la primera comunión este año, y unos sesenta los que recibirán la confirmación. En Kenia la catequesis es importante, no solo para tener conciencia de lo que vas a recibir. En la escuela, de hecho, solo se estudian la moral y la Biblia, sin entrar nunca en lo específico de la religión católica. El país es predominantemente protestante, después de haber sido una colonia inglesa: todo lo que es católico es purgado del programa ministerial.

Entonces, en los últimos siete años, Don Gabriele y yo hemos escrito un libro de texto en tres volúmenes, con las lecciones de los tres años. Cada lección también incluye las actividades a hacer durante la semana: rezar, organizar momentos de canto, colorear las figuras de los personajes mencionados, etc. De esta manera, tratamos de involucrar a los padres, que de otra manera se desentienden, delegando totalmente a los catequistas la preparación para los sacramentos. Una cuarta parte de los niños que se inscriben en el catecismo son bautizados una semana antes de recibir la comunión.

A menudo los niños invitan a otros amigos al catecismo, y así se convierten ellos mismos en misioneros. Puede suceder que en Febrero empezamos con sesenta niños, y descubrimos en Junio que se han convertido en cien. Laban, por ejemplo, provenía de una familia católica e iba a la escuela con John, cuya familia era en cambio protestante. Un día Martin trajo al catecismo a su amigo, que se insertó en seguida en el grupo. Mientras tanto, Martin dejó de venir, también porque su madre no era muy practicante. John se ha quedado, y dentro de poco recibirá la confirmación. Pero mientras tanto hemos repescado a Martin, que hará la primera comunión junto con su hermana Mary. Es un ejemplo no tan raro de como los niños pueden ser misioneros, a pesar de que puedan vivir dificultades en la familia. Pero la sorpresa más grande es que también la mamá de Martin ha reanudado el ir a la misa y recibir la comunión.

Si los niños se sienten atraídos por el catecismo es también porque los educadores son buenos con ellos, mientras que en la escuela los maestros a menudo los pegan con sus varas. También los catequistas, por su parte, reciben mucho de los niños: aprenden la humildad y la sencillez de corazón, crecen en la fe y en el amor a Jesús. Una maestra me ha dicho que ha aprendido a mirar a sus hijos con una mirada de amor y gratuidad. Otra ha afirmado haber crecido en la fe porque, cuando uno comparte un tesoro, el tesoro aumenta. Yo ya no enseño en una sola clase, como hacia al comienzo, sino que intento interactuar con ellos y estar presente. En las parroquias de Nairobi es raro ver a un sacerdote que está con los niños. Para nosotros la educación cristiana de los niños es una prioridad pastoral. De hecho, un sacerdote puede darles algo importante: el testimonio de una vida dedicada con alegría al Señor, gastada gratuitamente para los demás.

 

Giuliano Imbasciati es vicario de Sant Joseph en Nairobi (Kenia). En la imagen, con algunos niños de la parroquia.

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