Una meditación sobre el sacerdocio de Mons. Camisasca, que el 25 de Junio ordenó a diez nuevos sacerdotes de la Fraternidad.

Tras tantos años de sacerdocio, puedo afirmar que, si pudiera elegir, volvería a vivir esta vida tal cual he vivido. He recibido mucho más de cuanto pudiese imaginar el día de la ordenación. He tenido el céntuplo en todo, según la promesa de Jesús. También en tribulaciones. Éstas, la mayor parte, las causan los hombres. Son permitidas por Dios para nuestra corrección. Quizás, algunas veces provienen directamente de Él.

He recibido cien veces más en experiencia de lo humano. Ciertamente ha sido fundamental la escuela de don Giussani, pero, a partir de sus enseñanzas, ha resultado decisivo el encuentro con los millares de personas con las que Dios me ha permitido cruzarme a lo largo de mi camino. Sobre muchas de estas personas he tenido responsabilidades directas. Nunca habría alcanzado el conocimiento del hombre que Dios me ha concedido si no me hubiese adherido a su invitación a seguirlo en el camino del sacerdocio.

El sacerdote es un punto de referencia para muchísimas personas. También en nuestro mundo secularizado. Ciertamente, esto también depende de la apertura, de la disponibilidad y de la generosidad de su corazón. No debemos olvidar que el sacerdocio es una vocación de construcción social. El sacerdote es llamado a ser constructor de una nueva sociedad, que encontrará formas de expresiones exteriores según la voluntad de Dios, pero que puede nacer únicamente de la conversión del corazón.

He recibido el céntuplo en el conocimiento de Cristo. La vida sacerdotal me ha dado la posibilidad de orar, de hacer silencio, de acceder a la Escritura, a los textos de los Padres de la Iglesia, a los Padres de todos los tiempos, en una medida, en otro caso, imposible. Las responsabilidades que se me han confiado han sido un incentivo superior, forzándome a una profundidad a la que no habría jamás llegado. Poco a poco, en el tiempo, la confianza con el silencio y la meditación se torna en una visión sapiencial de la existencia, una sabiduría que permite mirar de un modo diferente todo lo que sucede.

He recibido cien veces más en el conocimiento de Dios Padre. Es la experiencia, sobre todo, de los últimos años. No la habría jamás imaginado, porque hacer experiencia de Dios parece una cosa imposible para el hombre. Dios es aquel a quien nuestros conceptos no pueden alcanzar, al que nuestro corazón no puede contener. ¿No está Él tan por encima de la tierra que se hace irrealizable la relación con Él? Y aunque esta relación fuera posible, ¿de qué modo podríamos hablarle? ¿Dónde hallar las palabras para describir aquello que excede de nuestra capacidad de comprensión? La imposibilidad de entrar en relación personal con Dios es vencida por la experiencia del encuentro con Él. Él sigue siendo el Absoluto, el Infinito, el Inmenso, pero se hace realmente presente en nuestra vida de hombres. Para mí ha sucedido ante todo en el silencio y en la oración, donde la presencia de Uno qu e conduce la vida se hace una experiencia real. Me doy cuenta de que es Dios porque permanece siempre como un absoluto, siempre diferente de cómo lo puedo imaginar. Es Dios porque me pide una disponibilidad total a su iniciativa, especialmente en aquello a lo que ya me he adherido. Ya he dado mi “sí”, ya me he convertido en sacerdote, pero el desarrollo de mi vocación está en sus manos. Él establece dónde y cómo conducirme, a mí se me pide renovar mi disponibilidad.

Dios es la piedra en la que todos debemos apoyarnos. Esto significa, concretamente, que yo no soy el actor que construye la historia, sino simplemente un canal que transmite la acción de Otro. He necesitado de los años para alcanzar esta conciencia. Vivo todos los días la necesidad de estar por completo dentro de cada acción y, al mismo tiempo, estar completamente fuera. Dentro hasta el fondo, con todo lo que soy, sin embargo, completamente fuera, libre, entregado en las manos de Otro. Es éste el camino de la auténtica constructividad y de la verdadera fecundidad.

(El texto procede de una intervención hecha durante el retiro para los ordenandos de la Fraternidad de san Carlos en la Trapa de Vitorchiano, el 23 de Junio de 2010)

En la foto, el momento de la imposición de manos durante la ordenación sacerdotal celebrada en junio de 2015 (foto Giovanazzi).
Massimo Camisasca

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