Davide Tonini, diacono en misión en Ciudad de México, nos cuenta la jornada del papa Francisco en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe durante el reciente viaje a México.

13 de Febrero de 2016. El primer día del Papa Francisco en México tiene como momento central la misa en la Basílica de Guadalupe. Por la mañana el Papa se encuentra con las autoridades del Gobierno y con los obispos reunidos en la catedral. Sin embargo, el pueblo espera con más expectación e interés el programa de la tarde, cuando Francisco se encontrará con la Virgen Morenita, patrona de México y de las Américas.

Junto con don Gianni, salgo de casa por la mañana temprano. Llegamos a la gran plaza del santuario a las nueve, y vemos con sorpresa que ¡ya está lleno! Faltan muchas horas para el comienzo de la misa, la llegada del papa está prevista para las 16:30. La espera no parece asustar a los 35.000 fieles, que durante todo el día hablan, cantan, comen, hacen fotos y rezan esperando a Francisco.

Es una muchedumbre ruidosa. Los mejicanos tienen una particular pasión por los gritos tanto que san Juan Pablo II, en una de las cinco visitas a este país, les dijo: «México sabe bailar, México sabe cantar, sabe rezar pero, sobre todo, ¡sabe gritar!». También Francisco ha recordado que éste es el único país que tiene en su calendario una “fiesta del grito”, con la que se celebra la independencia, que comenzó con el famoso “¡Viva México!”.

Las horas transcurren velozmente; entre la multitud surgen nuevos estribillos pensados para el papa: Francisco, hermano, ¡ya eres mexicano! Francisco, amigo, ¡queremos estar contigo! Cuando llega el papa-móvil es la alegría general, parece que la fiesta ha llegado a su culmen. Todos buscan su mirada, reciben su bendición, hacen fotos con el móvil.

Después comienza la misa. En la homilía, el Papa invita a mirar a la Virgen y a hacer silencio: «Creo que hoy nos hará bien un poco de silencio, y mirarla, mirarla mucho y con calma … quedarse contemplándola». Y al final de la celebración, el momento más significativo de la jornada. El Papa se queda en oración silenciosa delante de la imagen milagrosa de la Virgen de Guadalupe y pide a todos los presentes que recen con él. El santuario y la plaza, que por todo el día ha estado repleto con el ruido de la multitud, en ese momento se llenan del silencio de un pueblo. En las grandísimas pantallas permanece fija la imagen del Papa en oración. Tras veinte minutos, mientras Francisco está aún en silencio, alguien comienza un canto a María, otros se le unen. Una melodía dulce, cantada con delicadeza.

El grito se ha trocado en oración y el Papa ha logrado su objetivo: no ha puesto su persona en el centro sino que ha invitado a todos a volverse en silencio a la Virgen, para contemplar su rostro maternal.

 

En la foto, el papa Francisco celebra la santa misa en la plaza de la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe durante el reciente viaje a México (12-18 febrero 2016) Foto Servicio Fotográfico del Osservatore Romano.

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