Una carta de la Ciudad de México: la llegada de una nueva misión y el continuo descubrimiento de la llamada de Cristo.

Queridos hermanos,
Ya han pasado algunos meses desde mi llegada a México, un país muy bello, con tanta historia y cultura. Ciudad de México es caótica, muchos habitantes y un tráfico infernal. La gente es muy acogedora y tienen una gran religiosidad. La comida es buena, a pesar del chile ¡que es siempre demasiado! He visitado Teotihuacán, un gran complejo arqueológico, con bellas pirámides y muchos turistas y he participado en el así llamado “Grito”: la tarde del 15 de Septiembre, víspera de la independencia, cada alcalde suena en la plaza una gran campana gritando “¡Viva México!” y se da inicio a los fuegos artificiales. Con padre Davide Tonini y padre Gianni Brembilla estamos intentando hacer juntos el trabajo en la parroquia, donde las personas nos han sido confiadas por la misma razón por la que Cristo nos ha alcanzado y enviado aquí: la gratuidad de su amor y de su llamada. Cada día, en cada encuentro, descubrimos lo que cada una de estas personas pide a nuestra vida, cómo las podemos acoger, qué tenemos para ofrecerles.
Junto con Davide cuido de un grupito de chicos de la enseñanza media (equivalente a la ESO): el jueves está dedicado a la ayuda al estudio; el sábado, después de un momento de introducción, al juego. La última vez que nos hemos visto, hemos empezado por la canonización de Madre Teresa. A la pregunta “¿queréis ser santos?”, todos han contestado “no”. Uno porque se quiere casar y cree que los santos son sólo las monjas y los curas; otro porque piensa que la santidad va en contra su proyecto de vida, otro dice que no quiere dar todo. Sus respuestas son el punto de partida de los próximos encuentros. Es bonito seguir lo que viven. Seguimos un esquema análogo incluso con los chicos de la enseñanza superior que encontramos el domingo: hablamos, jugamos, comemos juntos. Después tenemos la misa. El tema, en estos días, es la felicidad.
He encontrado muchas personas a través del sacramento de la unción de los enfermos: en este momento extremo de la vida, Dios no deja de buscar a los hombres y de hacerles compañía, incluso a través de un cura, extranjero como yo. Participar en su historia, incluso por un momento, es realmente algo grande. Si el dolor que experimentan se me graba encima, entiendo que para mí este es un camino privilegiado para interceder ante Jesús. Como nosotros, las personas que encontramos tienen muchas heridas. La apuesta es que estos signos, con el tiempo, puedan llegar a ser ocasiones de encuentro con Quien puede convertir cualquier lugar en el más bonito del mundo.

David Crespo, portugués, 33 años, está en misión en la Ciudad de México. En la foto, durante un momento de juego con algunos chicos de la parroquia.

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