Un joven detenido encuentra en la plaza de San Pedro al Papa Francisco, y el papa bendice a “su” niño.

«Hoy el Santo Padre recibe en audiencia a los chicos del instituto de menores de Casal del Marmo». Gimmy mira a su alrededor. Es el 2 de diciembre y a Roma parece que han llegado los primeros anuncios del invierno. Pero para él esto no es un problema, aunque no lleva más que una camisa y un ligero guardapolvo. Mira la plaza de San Pedro, a los peregrinos que acuden. Su sitio se encuentra a pocos pasos del Papa Francisco. «Después de la audiencia hazte una foto con el Santo Padre» le dice un hombre de la gendarmería. Gimmy sonríe y mira a su niño. No se ha separado ni un minuto de él desde cuando a las 7 ha salido de la cárcel. Lo rodea con un abrazo firme, lo protege del frio con su chaquetita ligera. Quiere hacerle sentir su calor y su afecto. Cada cierto tiempo, en la confusión de la plaza, parece susurrarle alguna palabra: «no temas – parece decirle – aquí estoy yo». El niño no deja de seguirle con su mirada y le sonríe con las manos abiertas. Llega el momento de la foto. Gimmy desciende los escalones y se sitúa en primera fila. Desde aquí, piensa, alcanzará a saludar al Papa y darle a bendecir al niño. Llega el Papa Francisco. Está cansado por su viaje por África, pero apenas ve al niño, se ilumina. Comienza por saludar el padre Gaetano, el capellán de la cárcel de menores, después a don Nicolò, nuestro sacerdote que trabaja en la cárcel, y después uno tras otro a todos los chavales. Llega el turno de Gimmy. Está emocionado, le besa el anillo con afecto, intercambia dos palabras con él y de repente le dice: «Santo Padre, ¿puede bendecir a mi niño?». El papa lo mira estupefacto, encuentra los ojos del niño que le sonríe, las manos abiertas como si quisiese abrazar a ese gran señor vestido de blanco. El papa traza con su mano una larga bendición y a Gimmy le brillan los ojos.
25 de Diciembre. Misa de Navidad en la capilla de la cárcel de menores. Como un goteo llegan los seminaristas de la Fraternidad San Carlos y algunas Misioneras de San Carlos, los voluntarios, además de los chicos y chicas detenidos. Es la primera vez que las secciones masculina y femenina de la cárcel celebran la Misa juntos. El padre Gaetano, para llamar al orden, toma el micrófono y da algunas indicaciones. «Silencio y atención. Antes de la misa se hará la procesión. En cabeza Gimmy que llevará a “su niño”, después los sacerdotes celebrantes». Gimmy está en el altar teniendo en brazos ya desde hace algunos minutos al Niño Jesús, casi mimándolo. Comienza la procesión. Gimmy, bajo la mirada de todos, acompaña al Niño Jesús hacia la cuna situada bajo el altar. Llega, se agacha y como si estuviese depositando a su hijo con delicadeza, lo mete en la cuna. Se levanta y lo primero que encuentra es la mirada del Niño Jesús. Que le sonríe.
foto:photo Anna Michal – flickr.com

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