Don Giussani fue un genio de lo humano. A este conocimiento del hombre él ha llegado a través de muchas vías. Ciertamente a través de su capacidad de observación y penetración, a través de la escucha, pero también a través de tantos maestros: sus profesores en el seminario; los grandes de la literatura, de la música, del arte; y también nosotros mismos, porqué él aceptó aprender (casi robar) alguna cosa de cualquiera. Su conocimiento del hombre, que describió en “El Sentido Religioso” a través de una apología de la razón y del corazón, le hizo capaz de decir cosas que pueden interesar personas de cualquier cultura, etnia, tradición. Él era un hombre que se buscaba a sí mismo en cada hombre, curioso de la humanidad de todos; y al mismo tiempo un hombre que mendigaba a Cristo en todas las cosas. Así se convirtió en testigo suyo. En él, cada instante era un acontecimiento. Lo animaba en lo profundo la tensión a no vivir nunca nada por descontado, como hábito, si no como una petición a una Presencia.
La obra del Espíritu suscita el don de cada uno. Don Giussani contribuyó a suscitar el don personal en miles y miles de hombres y mujeres. Él no ha creado una realidad masificada, donde todos son iguales -como bajo una tapa- si no que ha generado una realidad variada, rica en personalidades diferentes, que él ha evocado y llevado a la unidad. Ésta es verdaderamente la obra divina. Los grandes hombres de la tierra son capaces de convocar a su lado a personas valiosas, pero no son capaces de conducir las diferencias a la unidad. En cambio el signo profundo de lo que ha nacido alrededor de don Giussani es obra del Espíritu, es justamente la unidad. Él creó un pueblo. Esto es profundamente divino.
La potencia cultural de Giussani era enorme. Él describió desde los comienzos su idea de cultura comentando la frase de Pablo a los Tesalonicenses: “Examinadlo todo y quedaos con lo bueno” [1Ts 5, 21]. Nos ha educado a hacer de la fe un encuentro con la realidad. Para Giussani del encuentro con Cristo nace una cultura nueva, llamada a incidir en los ambientes donde viven los hombres. La cultura se convirtió en una de las tres dimensiones que, junto con la caridad y la misión, constituyeron el alma de la nueva GS [N.d.T.: Juventud Estudiantil] nacida en torno a él.
Nos educó siempre a la caridad. Todo de hecho nace de la caridad, de nuestro corazón que acepta de compartir la vida con la de los otros, como Dios ha compartido la nuestra. Las obras de caridad nacidas de don Giussani son muchísimas: escuelas, centros de acogida, asociaciones de familias, iniciativas misioneras. Ya desde los años sesenta había pensado en una misión en Brasil. Fue ciertamente una abertura importante, porque él estaba convencido de la necesidad de la misión como verdadero ecumenismo: compartir con otros hermanos que viven en horizontes lejanos y diferentes de aquello que vivimos nosotros.
Toda la existencia de Giussani estuvo dedicada a documentar el método de la trasmisión del cristianismo. Una sintonía impresionante con lo que fue el intento del Concilio Vaticano II, un concilio pastoral querido para mostrar el camino por el cual vivir el cristianismo. Deseaba lanzar a los jóvenes hacia el futuro, quería traer un cambio, no una revolución. Una novedad en la continuidad. El tema central de este paso hacia una tradición renovada fue la experiencia de la autoridad. Él fue un firme defensor de ésta, especialmente después del ’68, cuando ésta fue duramente impugnada. Él estaba firmemente convencido de que sin autoridad no hay educación, porque educar es transmitir algo que uno mismo recibió. Luchó sin embargo también contra toda forma de autoritarismo y clericalismo, descubriendo el valor afectivo de la autoridad.
Don Giussani sigue presente en medio de nosotros de muchas maneras. A través de su magisterio, que aún está bien lejos de haber sido descubierto de manera exhaustiva. A través de la obra de conversión total de existencias humanas. Una enseñanza verdadera, auténtica, tiene como objetivo cambiar la existencia. Él sigue presente, entonces, a través del pueblo que ha nacido de él. A través de todo lo que el rio del Espíritu, encontrándose con la historia, hará surgir otra vez del don que él ha sido.

lea también

Todos los artículos