Publicamos el saludo de Julián Carrón, presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación, que pronunció al concluir el funeral de Antonio Anastasio.

En este momento de dolor, queridísimos don Massimo, don Paolo y todos los amigos de la Fraternidad San Carlos, todo el movimiento os abraza para haceros sentir nuestra cercanía en el silencio, en la oración y en el dolor ante la ausencia de una persona tan querida para todos nosotros como Anastasio.
Pero la intensidad del dolor no logra predominar sobre la alegría, porque Anas ha alcanzado la plenitud que todos esperamos: Cristo.
Queremos expresar todo nuestro agradecimiento a Cristo y a vosotros por la entrega total de su vida a Cristo. Ha sido un don para todos nosotros haber visto florecer en él la gracia del carisma de don Giussani que nos ha alcanzado a todos.
Son muchos los que hoy habrían deseado estar aquí, de manera presencial, para pedir con nosotros, para dar las gracias por la belleza de su persona y para despedirse por última vez de Anas.
En todo caso, presencial o a distancia, aquí se reúne un pueblo que se percibe unido a él porque, dentro de un encuentro particular y gratuito, se ha producido un reconocimiento que ha hecho nacer una afinidad. ¡Cuántos se han sentido sostenidos en el camino hacia el destino que en Anas ahora se ha cumplido! Este pueblo, que Anas ha contribuido a generar allí donde él estuvo (en la periferia de Madrid, en el barrio Niguarda de Milán, en Grosseto o en la universidad), le ha acompañado en estos meses de enfermedad.
Algunas palabras de Anas pronunciadas hace un año, al principio de la pandemia, resuenan ahora en nuestra vida como una llamada potente: «Hoy todo lo que es superficial ya no importa. Lo que importa es lo que amamos de verdad; importa lo que se ama y nos hace existir para siempre. Con la mirada puesta en Él, dejemos renacer la esperanza de las cosas grandes para las que estamos hechos y que es la única que nos puede sostener, hoy y siempre».
Teniendo en la memoria su testimonio, pidamos al Padre que nuestra compañía nos pueda seguir sosteniendo a cada uno de nosotros en las circunstancias de cada día.
Como don Giussani nos ha recordado, «los hombres, jóvenes y no tan jóvenes, necesitan una cosa en última instancia: la certeza de la positividad de su tiempo, de su vida, la certeza de su destino».

 

Solo en la certeza del encuentro con Jesús se pueden mirar con alegría todas las circunstancias, incluido el sufrimiento y la muerte. Aquellos que el Misterio nos pone al lado, allá donde estemos, necesitan este testimonio.

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