Unas vacaciones con los chicos de secundaria para entender que también en Colorado está viva la experiencia de GS (Juventud Estudiantil).

¡Cuántas veces me pregunto si mis chicos podrán alguna vez vivir la experiencia de GS que viví cuando tenía su edad! Y luego el Señor me sorprende con una respuesta más grande de lo que yo hubiera podido imaginar.
Un ejemplo que me conmovió este año es el de Luke: el nombre es inventado. Lo conozco desde hace por lo menos cinco años, cuando comenzó a participar en el grupo de los Caballeros, los “Aventureros de las Estrellas”. Después del octavo grado, había continuado con GS, pero la transición de un grupo a otro no había sido fácil. De hecho, con los “Aventureros” se jugaba mucho, se charlaba. En GS, las caras habían cambiado; se leía el libro de la escuela de comunidad, de discutían cosas serias. Poco a poco, Luke comenzó a sentirse decepcionado, insatisfecho. A lo largo de todo el primer año, él continuó siendo fiel, pero su corazón ya no estaba allí.
Al comienzo del segundo año empezaron las excusas: una vez tenía que estudiar, otra que ayudar en casa, etc… Después, con el inicio de la temporada de fútbol, Luke se había sencillamente dedicado al fútbol. Durante varios meses ya no apareció.
Yo seguía viéndolo, en la iglesia y en otros momentos de la vida de la parroquia. Estaba un poco incómodo, avergonzado por el hecho que había decidido no venir más y no me lo había dicho explícitamente.
Acabada la temporada, hacia primeros de Diciembre, ya no teniendo excusas que presentar, Luke había vuelto a los encuentros. Inmediatamente había notado algo nuevo: no sólo por primera vez yo había decidido hacer unas vacaciones de invierno, sino que había decidido organizarlas junto con los chicos. Intrigado, se había lanzado con los otros ‘giessini’ en la preparación de las vacaciones.
El día antes de la salida, como nos contó después durante la asamblea final, le había costado dormirse, preocupado por sufrir una nueva decepción. En cambio, las vacaciones, aún con pocos chicos, había sido bellísima. El deseo, expresado y compartido por todos, de aprender a ser más amigos entre ellos y de hacer cosas bellas juntos, había sino plenamente satisfecho. Aproximadamente una semana después de volver a casa, mientras estaba en el despacho, Luke entró y me puso un sobre en la mano. Lo abro y aquí está la sorpresa: doscientos dólares. “¿Qué es esto?” pregunto. “Padre Accu, ¿recuerdas cuando hace un año nos propusiste el fondo común? Nos habías dicho que el fondo común había sido para ti una manera concreta de afirmar a quien querías pertenecer. Durante esta vacación invernal, he redescubierto la belleza que había vivido con los “Aventureros”. He entendido que es posible también aquí, con otras caras y con una modalidad diferente. Y si aquí es posible, es aquí donde quiero estar. Por tanto, este el fondo común de todos los meses en los que no he pagado”.
Mi pensamiento fue muy claro: entonces GS está también aquí en Colorado. Yo había propuesto el fondo común, pero no lo habían tomado muy en serio, tanto es así que el año siguiente hice ver que no pasaba nada, pensando que no estaban preparados. Y ahora me encontraba delante un chiquillo de 15 años que me decía que todas mis evaluaciones y mis planes eran inadecuados: en realidad, lo que me faltaba era un testigo, no su corazón. No hace falta decir que Luke es el responsable del fondo común y es conmovedor ver como este gesto se está convirtiendo en concreto y deseado por todos.

¡Qué contento estoy de haberme equivocado!

 

(Accursio Ciaccio, sacerdote desde 2008, es vicario en la parroquia de Nativity of Our Lord, Broomfield (EE.UU.). Aquí al lado, durante una excursión con los “Aventureros de las Estrellas”, el grupo de estudiantes de secundaria).

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