Donato Contuzzi, párroco en Taipei, cuenta la historia de Renato, un joven licenciado que ha recibido el bautismo después de convertirse del taoísmo al cristianismo.

El barrio en el que vivimos se llama Taishan, así llamado por una montaña de China, Tai: Shan, por lo tanto, significa montaña… píldoras de chino. De vez en cuando subo aquí para rezar un rosario y pasear un poco, disfrutando de la vista de la ciudad. A veces me asalta un pensamiento: “Frente a todas estas casas habitadas por personas que no conocen aún a Jesús, ¿nuestro pequeño esfuerzo puede realmente cambiar algo?”. Frente a esta tentación, el Señor responde a través de las vidas de las personas que encontramos.

Renato es el nombre italiano de un chico taiwanés que hemos conocido en la universidad. El pasado junio se graduó en italiano. Hace cuatro años, invitado por una amiga suya y nuestra, entró en el aula donde proponíamos un encuentro para compartir la vida, inspirándonos por películas, música y sobre todo por un libro, El Sentido Religioso de don Giussani. Ha sido el comienzo de una amistad que nos ha unido profundamente.

Su familia pertenece a una secta taoísta muy radical El pasado septiembre, Renato me dice de sopetón que quiere hacerse bautizar. “¿Por qué?” le pregunto. Y él: “Porque he experimentado que, cuando rezo, Jesús me escucha. Por ejemplo, hace pocos días he rezado pidiéndole que me ayude porque no lograba tomar una decisión. El día siguiente me llamó mi hermana, diciéndome que debía hacer justamente la cosa que deseaba, pero para la que no tenía fuerza. ¡Y ella no sabía nada de mi drama! Era Jesús”.

Después de graduarse, Renato comenzó a buscar trabajo. Después de alguna semana me llama: “No sé cómo hacer, muchos de los trabajos que me proponen requieren trabajar el fin de semana. ¿Cómo hago para la Misa?”. Debéis saber que aquí muchísima gente trabaja también el fin de semana. Desafortunadamente, incluso para muchos católicos, el problema de la misa no se plantea: ¡el trabajo es el trabajo! Para algunos es realmente imposible encontrar tiempo para la misa dominical, pero para muchos otros el atractivo del dios dinero es más fuerte. Por esto me ha impresionado la seriedad con la que Renato se ha planteado el problema. En efecto, dicho sea de paso, ha encontrado un trabajo para él en el que el domingo está siempre libre.

Para Pascua ha recibido el bautismo y yo fui su padrino. Ahora quiere siempre llevar fuera de la camisa el collar con la cruz que le he regalado, de manera que todos vean que es cristiano. Después de la misa de Pascua, durante la fiesta para los nuevos bautizados, él contó brevemente su historia. Concluyó con estas palabras: “He decidido recibir el bautismo porque, cuando he encontrado estos amigos, me sentí profundamente respetado en mi libertad. Nunca me han presionado para nada, y mucho menos para que fuese bautizado”.

El domingo de Pascua, por la tarde, Renato vino con nosotros para la barbacoa. Como se lo había propuesto, ¡comió carne! En la secta a la que pertenece su familia, de hecho, todos son vegetarianos, por lo que él, desde que era niño, nunca había comido carne. Al final del día, le pregunté: “¿estás contento?” Y él: “sí, mucho”. Entonces le saludé, explicándole que tenía que llamar a mis padres, y él me dijo: “¡saludos a los abuelos!” “¿¡abuelos!? ¿qué abuelos? “. “tus padres: si tú eres mi padrino, ¡ellos son mis abuelos!”.

Seguramente lo que hacemos es una gota en el océano, pero, como decía Santa Teresa de Calcuta, cada gota cambia el pH de todo el mar. Cada persona que se encuentra con Cristo vale más que el mundo entero. Cuando vuelvo a la montaña Taishan a pasear, ahora ya no me pregunto si nuestro trabajo cambia algo. Sé que cambia el mundo cambiando la vida de las personas. Pero sobre todo, si Dios quiere, me cambia a mí.

 

Donato Contuzzi, sacerdote desde 2013, es párroco de St. Paul Xinzhuang. En la imagen, al centro, Renato.

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