En la parroquia dedicada a los pastorcillos de Fátima en Alverca los niños, siguiendo el ejemplo de los pastorcillos, se convierten en pequeños “misioneros” en la familia.

Domingo, misa de las 11: sentados en las primeras filas, los niños de la catequesis admiran las miradas seguras de las estatuas de los pastorcillos de Fátima, Francisco y Jacinta Marto, que pronto serán santos. Para prepararnos para el centenario de las apariciones, hemos dedicado las homilías del tiempo de Cuaresma al relato de la historia de los pequeños beatos a los que hace un siglo se apareció la Virgen. Como si fuera una serie de televisión, que deja un sentimiento de suspense para el siguiente episodio, hemos pensado en un recorrido por etapas: todos los domingos contamos a los niños una parte de la historia de los pastorcillos. Al final de la misa, regalamos un cromo correspondiente al evento que hemos contado. Y los niños la pegan en un álbum al lado de la “Propuesta de la Semana”: rezar por el Papa, como hacían cada día los pastorcillos e imitarlos con gestos sencillos, como visitar los ancianos, llevar alimentos a los pobres, ofrecer pequeños sacrificios a Jesús. El domingo siguiente los niños son felices al contar lo que hicieron.

La experiencia nos dice que, hablando a los niños, se habla también a los adultos. En los últimos años, en efecto, muchísimos padres han vuelto a acercarse a la fe provocados por las preguntas de los niños, que volviendo a casa preguntaban: “Papá, ¿por qué no vienes a misa?”. O bien: “Mamá, ¿por qué no comulgas?”. Algunos de ellos han pedido participar en la catequesis de adultos y recibir los sacramentos. Otros se han implicado en la vida de la comunidad parroquial, donde han encontrado un lugar de comunión y de amistad. Así han empezado las comidas mensuales de la parroquia, donde los huéspedes son familias, jóvenes, abuelos, personas solas… >El resultado es extraordinario: niños que corren debajo de las piernas de señoras mayores, mientras son servidos en la mesa por padres que acaban de inscribir a los hijos a la catequesis. Después del almuerzo, empieza la fiesta y los bailes, con la banda de los chicos de la parroquia.

Quien pasa el sábado por la iglesia de los Pastorcillos, la encuentra llena de chicos. Abres una puerta y estás en la sede. Bajo la epígrafe A joventude è uma atitude do coração, la juventud es una actitud del corazón, un grupo de chicos de bachillerato hace escuela de comunidad y relata la experiencia de una peregrinación a pie a Fátima. Subes las escaleras y encuentras el grupo de los Caballeros, los chicos de los primeros años de secundaria, todos reunidos en círculo para un juego. Entras en otra sala y escuchas el coro que está preparando los cantos para la misa. En resumen, en todas partes hay una comunidad que “vive y respira”. Es esta nuestra misión: transformar los ladrillos de la nueva iglesia de los Pastorcillos en piedras vivas que puedan llevar, dondequiera que vayan, esta vida, esta alegría.

 

En la foto, la fachada de la Iglesia de los Pastorcillos en Alverca, a cargo de los sacerdotes de la Fraternidad.

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