Carta de Julián Carrón, presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación a Paolo Sottopietra y a toda la Fraternidad de San Carlos con ocasión del trigésimo aniversario de fundación

A Paolo Sottopietra, 
Superior General de la Fraternidad Sacerdotal de los Misioneros de San Carlos Borromeo, Roma.

Querido p. Paolo, queridos hermanos, 
me uno a su alegría y a la conmovida gratitud hacia el Señor en la celebración del 30º Aniversario del nacimiento de la Fraternidad de los Misioneros de San Carlos Borromeo. 
Mi primer pensamiento y mi gratitud va a mons. Massimo Camisasca que en estrecha comunión con el p. Giussani ha sido el instrumento a través del cual Dios ha suscitado en la Iglesia vuestra Fraternidad. Él no sólo aceptó de ser su fundador, sino que ha sido por todos ustedes guía paterno y maestro lleno de autoridad, de hecho contribuyendo a plasmar el rostro de su amistad sacerdotal, hasta que Dios lo ha llamado a ser Obispo de Reggio Emilia. Sé bien que él continúa acompañándoles en la aventura de una pasión de vida que, a través de la gracia del ministerio sacerdotal, lleva a todo el mundo el acento fascinante del carisma de don Giussani a servicio de la Iglesia universal y de las Diócesis en las cuales han sido llamados y prestan servicio. 
La experiencia de ustedes y su misión representan una respuesta plena de entusiasmo a la invitación del Papa Francisco a ser una “Iglesia en salida”, redescubriendo y reviviendo cada día en las circunstancias, muchas veces delicadas y fatigosas de la misión, la Gracia del inicio. Sé que el p. Giussani en los numerosos encuentros que tuvo con ustedes repetía a menudo aquel pasaje de la Segunda Carta a los Corintios en la cual San Pablo resume de forma sintética y vibrante la raíz de la autoconciencia del cristiano: “El amor de Cristo nos apremia, al considerar que si uno solo murió por todos, entonces todos han muerto. Y él murió por todos, a fin de que los que viven no vivan más por sí mismos, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2Co 5,14-15). El encuentro con el carisma de don Giussani y la vida del Movimiento son la gracia más grande para alimentar este “apremiar” por Cristo reconocido como contemporáneo. Como tuve ocasión de decirles en Corvara participando en sus Vacaciones, estoy persuadido de que el movimiento es una gracia única; pienso que se puede decir que no hay personas más afortunadas que nosotros por la potencia de lo que hemos recibido y que cuanto más arriesgamos en el encuentro hecho, tanto más nos hacemos conscientes de lo que ha sido suscitado por Dios para este momento histórico. 
Radicados en la inmanencia al Movimiento y a la Iglesia, viviendo la comunión y la unidad en la Fraternidad toda y en cada una de las Casas, deseo a cada uno de ustedes ser testigo privilegiado en el pueblo cristiano y por eso testigo creativo, lleno de la inteligencia de la fe, de fuerza de esperanza de ardor de caridad por el exigente y fascinante mandato que nos entregó el papa Francisco en la Plaza de San Pedro el 7 de marzo pasado: “Centrados en Cristo y en el Evangelio, pueden ser brazos, manos, pies, mente y corazón de una Iglesia en salida”. 
Doy las gracias nuevamente a mons. Camisasca, al p. Paolo, a los superiores y a cada uno de ustedes por los numerosos frutos donados a través de ustedes por el Señor a todos nosotros en estos primeros treinta años de vida (recuerdo sólo, además de las numerosas vocaciones, también el nacimiento de las Misioneras de San Carlos) pidiendo la gracia por mí, por el Movimiento y por cada uno de ustedes para que cada día de la vida incremente como conciencia y como afecto la experiencia compendiada en el lema de su Fraternidad: Gloriae Christi passio, pasión por la gloria de Cristo.

Fraternalmente, 
p. Julián Carrón

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