El 19 de diciembre mons. Massimo Camisasca ha ordenado diáconos Alessio Cottafava y Tommaso De Carlini. Este es el texto de su homilia.

Queridos hermanos y hermanas,
estamos ya cerca de Navidad. Esta fiesta, tan importante para todo el pueblo cristiano y celebrada con tanta emoción en cada parte del mundo, donde sea se encuentre una comunidad cristiana, debe ayudarnos a comprender el gran don que hemos recibido: la vida y la fe.
Dios nace como hombre, ha aceptado la propuesta del Padre, como hemos escuchado en la primera carta a los hebreos: “Tú no has querido sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo” (Hb 10, 5). No agradeces las formas, exteriores y falsas, de reconciliación contigo de varios pueblos de la tierra. Has querido que sea tu Hijo quien venga a complacer la reconciliación entre el cielo y la tierra, entre Dios y los hombres; has querido que sea un Hombre a encontrar a los hombres, fascinados con Sus palabras, Sus gestos, Su humanidad y caridad, tomar sobre Sí mismo su mal, para llevarlos a Ti como hijos.
¡Dios nace como hombre y de esta manera nos revela el gran valor de la vida humana, demos gracias a Él por habernos llamado a la vida! Pero Dios no solo se limitó a esto, lo sabe cada padre y madre: no se podría generar si no se pudiera ofrecer después una razón para vivir, la razón por la cual vivir. Cuantos hombres y mujeres, seguidos de la soledad, de la desilusión, de las heridas, del odio, cuantas personas no tienen y no tendrán jamás razones para vivir! Cuanta violencia hay en el mundo a causa de aquellos que no pueden amar porque no tienen un motivo y de gozo en su existencia!
Mandando al Hijo, Dios enciende en el mundo la Fe, es decir, nos da una razón para vivir: Somos amados, somos perdonados, somos recogidos del polvo de nuestro mal, porque existe el Padre que ha hecho todo, y nos asegura su promesa mandándonos al Hijo.
Hoy ordeno a dos diáconos, introduciéndolos en el camino del orden presbiteral que deseo puedan recibir muy pronto. Fueron llamados por el Señor para cumplir aquello que hoy vemos en marcha, fueron llamados para portar a Jesús. Esta es la caridad de la cual el mundo por sobre todo tiene necesidad: que exista alguien que porte a Jesús. Que lo lleve, como harán estos hermanos, llevando la eucaristía, comentando o explicando la palabra de Dios, sobre todo a través de su propia vida. Esta tarde pido que Dios les conceda siempre una vida transparente, en el gozo y en el dolor, de la presencia de Jesús.
Cuando Él está, aun si no podemos borrar mágicamente la sombra de tristeza por nuestro mal y nuestra limitación, la dicha reaparece. Pidamos con insistencia al Señor la gracia de estar felices y seguros porque confiados de Su mano que nos toma, nos guía y nos acaricia aun cuando nos golpea para corregirnos.
Gracias, queridos amigos, de haber aceptado de decir “sí” al Señor que les llama, cada vez más, a una estrecha participación a su misión. Amen la casa donde Dios les ha colocado, la Fraternidad san Carlos y sus casas, y vivan agradeciendo, cantando en eterno la misericordia de Dios. Amén.

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