La experiencia de la caritativa con los más necesitados genera en el corazón preguntas que se convierten en oración.

Don Giussani nos ha enseñado que la caridad es don de uno mismo conmovido hacia el otro. Estoy volviendo a aprender esto al colaborar con Caritas, presente en nuestro barrio de Magliana. Llevando la caja de alimentos a familias necesitadas junto con el padre Nicolò, hemos entrado en contacto con realidades difíciles, descubriendo muchas veces que la situación financiera no es la única dificultad sino que va ligada a problemas de desempleo, salud, violencia o separaciones familiares. Junto a las cajas, tenemos el deseo de llevar todo ante Cristo, de modo que Él pueda ser realmente el acontecimiento que cambie la vida de otros. Esto sucede a través de mí, de Nicolò y de cada uno de los voluntarios. Nosotros somos el rostro de Cristo para otros.

Por ejemplo, he visto suceder esto en una de las mujeres a la que llevamos una vez al mes la caja de alimentos. Cuando quedamos con ella siempre nos la encontramos borracha: lo único que puedo hacer por esta mujer es abrazarla. Un día tuvo un accidente de tráfico y lo supe sólo cuando llamaron a nuestra casa preguntando por sor Ester y Gerry, el sacerdote. Había perdido la conciencia y nada más despertarse no se acordaba ni de su nombre. Repetía nuestros nombres: Ester, Gerry. A través de nosotros la mirada de Cristo entra en el corazón de las personas. No podemos saber hasta donde llega, pero puede llegar a penetrar hasta el punto de tenerla presente, aún cuando uno no recuerde ni su propio nombre.

El encuentro con personas así, con sus dolores y sus dramas, genera en el corazón un grito y preguntas que se convierten en oración. Es como si este grito tuviese dos direcciones: la petición a Dios y la tierna sugerencia al hombre para que pueda ponerse de nuevo frente a Él. De esta forma, los caminos de nuestra parroquia generan una iglesia a cielo abierto. Cuando estamos fuera atendiendo diferentes tareas, quien está solo y sufre o aquel a quien acompañamos con la mirada y con el corazón mientras recoge a sus hijos del colegio, se vuelven parte de nuestro diálogo con el Señor.

(En la foto, un momento de la fiesta de las familias, en la parroquia de Santa María del Rosario en los Mártires Portuenses).

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