La riqueza del pasado, recogida en el presente, da energía y fuerza para la construcción del futuro.

Vivimos en el barrio de Magliana, donde todos nos conocen desde hace más de diez años puesto que la casa en la que vivimos era nuestra antigua casa de formación. Desde que se convirtió en una casa de misión a todos los efectos, nuestro deseo fue que la gente pudiese venir con más frecuencia, tomarla como punto de encuentro y compañía.

Así, decidimos lanzarnos a una nueva aventura: cada mañana, de martes a viernes, el gran portón está abierto y quien quiera puede cruzarlo para pasar algo de tiempo con nosotros. A partir de la gran iniciativa Un café en compañía con Gerry, hablando y conociendo mejor a las personas que frecuentan este encuentro semanal, han nacido diversos laboratorios: costura, cocina, jardinería, composiciones florales y preparación del pesebre en la Iglesia. Desde pequeña soy una apasionada de la historia y las tradiciones: deseo que la sabiduría de los padres no se pierda. Aquí estamos rodeados de personas con mucha experiencia: costureras, grandes cocineras y carpinteros. Así, en nuestros laboratorios, nosotras somos las alumnas y los parroquianos nuestros maestros. Construimos juntos y compartimos un poco de nuestras vidas.

Esta es la característica de los laboratorios: no somos nosotras quienes enseñamos, nosotras aprendemos. En cada laboratorio, señoras expertas nos enseñan y transmiten su sabiduría, de modo que no se pierda. En el pasado, eran las monjas quienes transmitían estos saberes, ahora las monjas tratan de recogerlos para que no se pierdan. Además, por la tarde acogemos a los chicos del instituto que quieren estudiar con nosotros: les ofrecemos compañía, un lugar donde estudiar juntos en silencio o hablando, si el estudio lo requiere. Es precioso ver la casa llena de personas que se encuentran hablando y trabajando juntas: entre costuras, hilvanados, fritos y asados y un poco de álgebra y latín, nacen relaciones, todas por descubrir y profundizar, pero ya bellas y para dar gracias. Una vida sencilla, la nuestra. Pero como me dijeron de pequeña en el instituto citando a Chesterton, la vida es la más bella de las aventuras, pero solo el aventurero lo descubre.

(Imagen: trabajos en la casa de Via Aurelia).

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