Descubrir en la caritativa de la cárcel de menores la misma exigencia de felicidad que se encuentra en el corazón de la vocación.

Desde el año 2015, Annie y yo vamos dos veces por semana a ver a las chicas de “Casal del Marmo”, un instituto penal de menores en Roma. Al conocer sus historias dramáticas, me doy cuenta de mi impotencia para poder sanar sus vidas. Lo único que puedo hacer es poner delante de Jesús todo el mal vivido por estas jóvenes y su deseo de felicidad.

Un día, una de ellas, Luna, me pregunta: «¿Por qué eres monja? ¿No echas en falta un marido, hijos, la ropa de marca?». Comienzo a hablarles a todas de mi conversión y de la vida que llevaba antes, siempre en búsqueda de nuevas experiencias, de algo que pudiera hacerme feliz: la ropa, las últimas tendencias, los viajes a lugares cada vez más exóticos y lejanos. Trabajaba para satisfacer mis “exigencias de felicidad”. Entonces, todas a coro me dicen: «Monja…¡podrías haberte dedicado a robar!». Nos reímos. Luna dice: «Yo también deseo esto. De hecho, ¡suelo robar para tener dinero y poder comprar las mismas cosas que tú querías antes!».

En ese momento, una de las agentes le llama a lo lejos y ella, sin volverse, le grita: «¡Espere un momento, agente!». ¡Pero a las agentes hay que obedecerles cuanto antes! Entonces, Luna, fastidiada, se levanta para irse pidiéndome que no siga sin ella. Cuando vuelve, retomo mi historia. Les cuento que al final de cada día estaba siempre insatisfecha. Hasta que un día conocí a unos amigos que me querían de verdad, que acogían mis miserias y que me ayudaron a entender dónde podía encontrar la verdadera felicidad. Así, dejé de comprar tantas cosas y empecé a pedir al Señor que me ayudase a buscar el buen camino para ser realmente feliz.

Lo que ha cambiado mi corazón ha sido haberme encontrado con estos amigos, que no estaban interesados en lo que yo les pudiera ofrecer, sino que solo querían ayudarme a encontrar mi camino.

Raramente sucede que las chicas se queden escuchando más de unos pocos segundos la respuesta a sus preguntas. Esta vez, Luna se queda callada hasta el final porque es un tema que le interesa de verdad. Aunque aún no sepa por qué o no pueda dar un nombre a lo que siente, lleva en el corazón los mismos deseos y las mismas preguntas que yo. Y busca a toda costa descubrir dónde y qué puede satisfacerla verdaderamente.

(En la foto, durante la caritativa en el IPM de Casal del Marmo, en Roma – todos los derechos reservados).

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