Boston, distrito de Seaport: entre rascacielos, startups y viejos muelles, un nuevo santuario dedicado a la Virgen y un cura entre ingenieros y hombres de negocios. Testimonio desde Estados Unidos.

Cuando llegué a Boston, hace casi ocho años, la zona del puerto llevaba abandonada varios años por la industria naval: los barcos no atracaban allí y el lugar se había convertido en un conjunto de muelles, naves vacías, aparcamientos y restaurantes. En 2010 el alcalde de Boston anunció el proyecto que transformaría el distrito de Seaport en una zona moderna, joven y hipster. Así, en estos años se han ido construyendo edificios modernos y futuristas para empresas y negocios: startups y jóvenes profesionales se han mudado a esta zona, transformándolo en un distrito moderno y animado, donde a día de hoy es complicado encontrar sitio para aparcar.
A la entrada del distrito nos encontramos con un edificio diferente del resto, una pequeña construcción que parece estar fuera de lugar entre tantos edificios acristalados y carteles llamativos. Es el santuario de Our Lady of Good Voyage (Nuestra Señora del Buen Viaje). La iglesia fue consagrada en abril del 2017 y desde hace un año Stefano Colombo y yo nos encargamos de la pastoral del santuario. Básicamente, celebramos la misa y pasamos muchas horas en el confesionario, pero también celebramos matrimonios y conocemos a personas de todo tipo.
Aunque no es grande, el santuario es, desde el punto de vista artístico, muy bonito y está muy cuidado. Probablemente, lo mejor sea su localización. De hecho, nadie espera toparse con una iglesia a la entrada de una zona de la ciudad donde uno cree poder encontrar de todo (dinero, trabajo, fama, diversión), menos a Dios. Sin embargo, el santuario se ha convertido en un signo de esperanza para muchos. Ingenieros, abogados y biólogos vienen a misa durante la pausa de la comida y se quedan a rezar algunos minutos antes de volver al trabajo o a la vuelta, de camino a casa. Turistas y visitantes acuden continuamente y entre ellos hay muchos no católicos que vienen buscando paz, descanso y esperanza en el complicado viaje de sus vidas.
La óptima localización del santuario ofrece una posibilidad de encuentro y de misión. Paso la mayor parte del día en la iglesia y en los descansos, entre misas y confesiones, paseo por la zona del puerto. Al principio, la gente se sorprendía, casi incrédula de ver a un cura en la fila entre abogados, ingenieros informáticos y contables para tomar un café o comprarse un bocadillo.
Poco a poco, este asombro incrédulo se ha ido transformando en curiosidad y ha sido ocasión de encuentro incluso con personas lejanas a la Iglesia. Desayunando en el bar que está al lado del santuario, al cabo de unas semanas, he conocido a uno de los jóvenes que trabaja ahí. Kevin viene de Long Island, se mudó a Boston hace tiempo. Es católico, pero no va a misa desde hace años. «Cuando mi padre enfermó, hace ya diez años», me dijo un día, «dejé de ir a la iglesia. Sentí que Dios me había traicionado. No lo sé, tal vez vuelva un día». Hace poco, Kevin se casó. En los últimos meses ha sufrido algunos dramas personales y familiares que han hecho que nuestro diálogo se haya intensificado. Kevin todavía busca algo. Cuando nos vemos, hablamos de nuestra experiencia, él me hace preguntas y escucha mis respuestas con atención e interés. Deseo ser testimonio de esperanza para él y para todos aquellos con los que me encuentro. Y la esperanza viene de Aquel que habita en el santuario de Our Lady of Good Voyage.

 

(Paolo Cumin es sacerdote desde 2002. Es capellán del santuario Our Lady of Good Voyage, Boston [foto] y vicario de St. Clement, Medford, Estados Unidos).

 

 

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