Don Mattia Zuliani es ordenado sacerdote el 24 de junio 2017. Aquí están en una carta suya las primeras experiencias de misión en Ol Moran, Kenia, donde ha vivido su año de diaconado.

Queridísimos,

Os escribo mientras me quito de encima el polvo de un viaje en jeep, durante el cual empecé por fin a conducir. He estado en Kinamba, acogiendo a algunas bienhechoras de la misión que estarán con nosotros hasta mañana para visitar las obras. Me acompañó John, el conserje de la parroquia, que la semana pasada me enseñó a ir en pikipiki (motocicleta).

Alrededor de la parroquia, donde vivo con don Giacomo y Fr. Paul, hay campos de cultivo que amo atravesar cuando rezo el rosario. Especialmente en este periodo hay varios trabajadores empleados en el cultivo de repollos, tomates y zanahorias, bajo la supervisión de Fr. Paul. Los tractores trabajando de buena mañana, mientras de fondo se escuchan las campanas, me recuerdan a la Brianza. La extensión de los campos, pastos y sabanas llega hasta el monte Kenia, que de vez en cuando se deja ver imponente en el horizonte. En medio de esta naturaleza se asoman las 20 out-stations (capillas) de la parroquia, situadas en lugares con nombres muy variados a los que, por turnos, vamos a decir misa. Hay una prevalencia de determinadas tribus en cada capellanía. Es bellísimo entrar en estas pequeñas iglesias de barro y planchas y encontrar a los fieles vestidos de fiesta (sobre todo las mujeres están siempre con sus trajes tradicionales) que ensayan los cantos en su propia lengua.

Os voy a contar dos experiencias de este periodo. Estoy de visita con don Giacomo en la residencia de estudiantes cerca de la parroquia. Debido a su prolongada ausencia, he empezado a seguir en su lugar a los chicos en el rezo de completas, que se hace a las 21:30 horas todos juntos. Mi papel es simple: guio la oración, acompaño el himno con la guitarra y deseo las buenas noches. Ha sido fundamental rezar a la Virgen para que me hiciese encontrar a estos chicos, y así ha sucedido que después de una misa me he cruzado con algunos de ellos y me he puesto a charlar. George, que está en cuarto, me ha invitado a jugar al ajedrez con él. Con otros dos le hemos dado al ping-pong, una chica quería aprender los cantos de Completas y la directora me ha dicho que hubiera estado bien si les hubiera podido enseñar música.

Una segunda experiencia fue la bendición de las casas. Por lo general, hacia las 9:00 llega el responsable de la jumuiya (comunidad) que visitaremos; cojo el jeep y empiezo a conducir por los alrededores de la parroquia. Se pasa por los campos cultivados, o por senderos de las cabras, o en medio de los arbustos (claramente el primer día pinché un neumático). Se llega por fin a la boma (recinto), donde normalmente nos esperan marido y mujer. Explico brevemente lo que haremos: no obstante todos sepan el motivo de la visita, es necesario hacer una especie de introducción. Después de esta introducción, tenemos la oración y luego empiezo a bendecir todo. No siendo casas, si no boma, los ambientes están divididos: está la cabaña de la cocina, la cabaña del comedor, el granero, el dormitorio, la cabaña de las gallinas y la de las cabras, el recinto de las vacas. Después está el campo, el tanque del agua de lluvia, las plantas de mango y de aguacate. Y finalmente las tumbas, que suelen ser unos montículos de tierra en el jardín o en el campo cultivado.

Estoy muy agradecido de este periodo inicial. Puedo vivir profundamente el silencio durante el día, reflexionando en especial sobre el acercarse de la ordenación sacerdotal y sobre mi deseo de depender totalmente de Dios.

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