Publicamos la carta que Javier Prades ha enviado a Tommaso Pedroli, párroco de San Juan Bautista en Fuenlabrada, con ocasión de la muerte de Antonio Anastasio.

Querido Tommaso, al recibir tu noticia de que ha fallecido Anas esta tarde y leer tu mensaje no puedo evitar recorrer su presencia en mi vida durante tantos años. Aunque ya lo había conocido en Roma y siempre tuvimos una relación muy buena, seguro que más por su grandeza de ánimo que por mi aportación, los años en los que más he apreciado la relación con él fueron los de su estancia en Fuenlabrada mientras yo era responsable de CL y el colaboró activamente al servicio de la misión del movimiento en España.
Son tiempos de los que guardo un recuerdo muy bueno tanto por el ambiente de colaboración que había entre todos nosotros como de su aportación, que siempre arrancaba de su vida, de su experiencia pastoral y misionera, de sus años de universitario, y que incluía sus aficiones: desde coger setas hasta componer poesías y canciones o tocar la guitarra, especialmente interesante con las canciones de Chieffo. Seguíamos a través de él la evolución de la parroquia, con las iniciativas educativas, caritativas, misioneras, y de la casa de la San Carlo, por donde fueron pasando no pocos seminaristas y sacerdotes, tantos buenos amigos, en una casa que tenía como su referente a Anas. Las visitas a las actividades de la parroquia o a la casa han sido siempre momentos de encuentro para mí.
Cada vez que me ha regalado un libro de poesías, o algún relato breve, conseguía de nuevo sorprenderme porque en él se veía lo que decía Giussani tantas veces: “la passione per la gloria di Cristo, umana però!!”. No quiero hoy hacer un elogio fúnebre sino sencillamente compartir contigo la verdad de la vida de Anas que ha entrado a ser parte de mi vida, por lo que le estoy agradecido para siempre. Ha sido para mí un testigo vivo de Cristo. Así me ayuda a comprender en su profundidad la descripción del pueblo cristiano protagonista de la historia, a partir de una amistad, como vemos en el libro de escuela.
El Señor lo ha purificado en la larga enfermedad y lo acoge ahora entre sus brazos: “Al paraíso le lleven los ángeles, a su llegada le reciban los mártires y lo introduzcan en la ciudad santa de Jerusalén. El coro de los ángeles te reciba, y como Lázaro pobre en esta vida tengas un descanso eterno”.
Os mando a todos un fuerte abrazo. Mañana celebraré la eucaristía por él. Cuando organicéis el funeral avísame porque me gustaría mucho acompañaros.

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