Marco Sampognaro, seminarista en Chile, ha tenido recientemente un periodo de formación en la cooperativa Nazareno de Carpi. Nos cuenta su experiencia.

Lo primero que me ha llamado la atención de villa Chierici han sido las fotografías y los cuadros. Está llena a rebosar: sobre todas las mesas, mesitas, repisas, aparadores, hasta sobre los baúles (las fotografías), y por todas las paredes, los muros, los corredores, las antesalas (los cuadros).

Hay una particularidad. De los cuadros, una buena parte tienen por objeto los residentes de la villa, todos discapacitados bastante graves; o han sido realizados por residentes de la villa o de otras estructuras de la cooperativa Nazareno. (Villa Chierici es el “cuartel general” de la cooperativa Nazareno), En particular abundan los cuadros de Cesare Paltrinieri – retratos naif – y de Gianluca Pirrotta – abstractos – ambos cotizados en los mercados de arte y cuyas obras se exponen en algunas galerías italianas y europeas.

Las fotografías, por el contrario, son todas de residentes de la villa. La mayoría, primer plano de rostros.

Los primeros días, para mí, aquellas fotos retrataban perfectos desconocidos. Más bien imperfectos desconocidos. Con el transcurrir del tiempo, he comenzado a reconocerles, uno a uno. Me he detenido con frecuencia a mirarles. Está la rubia que te manda los besitos y la morena que ríe contenta, está el milanista picajoso y está el sheriff de corazón tierno; está aquel barrigón al piano y aquel flaco a caballo, aquel tímido y aquella expansiva, aquel que observa y aquel que trabaja, aquel que te mira socarrón y el que te mira con expectación.

Una casa llena de fotografías de quienes viven allí (e incluso de cuadros hechos por ellos mismos) es una casa vivida. Si además, las fotografías retratan personas de lo más felices, es una casa en la que se vive bien. Porque es así: los huéspedes que frecuentan Villa Chierici están entre las personas más felices que he encontrado. En el sentido de aquellos que sonríen más, que tienen deseos de jugar, de contarte, de escucharte, de vivir.

Después, ciertamente, están también los casos más dramáticos: aquella que se golpea la cara y por esto tiene que ponerse un casco y guantes, aquel que debe ir al baño cada 10 minutos, aquellos que se comunican sólo con los movimientos de la cabeza. Pero también en estos casos, comunican a menudo que están contentos o que tienen ganas de bromear.

Un día habíamos festejado el cumpleaños de una residente que cambiaba también » casa » (iba a la parte donde los disminuidos trabajan). Como le gusta mucho bailar, me han pedido que bailará con ella algo de lo que había aprendido en Chile. Conclusión: no sólo habíamos bailado una cueca, sino que se la he enseñado(!) a todos los internos y a los educadores del centro. Al final era una cuenca-salsa-valzer-rock’n’roll, puesto que habíamos bailado durante una hora, terminando con un «trenino» de silla de ruedas guiado por la homenajeada que pasaba bajo galerías formadas por los mismos educadores.

En carnaval habíamos hecho una gran fiesta con premio al mejor grupo de máscaras. Yo he liderado el grupo de la familia Adams. Hemos vencido el premio de la elegancia y el premio revelación. El premio absoluto sin embargo lo ha vencido el grupo <<Thriller>> gracias a la coreografía sobre el video de Michael Jackson.

No es difícil mirar este lugar con gran simpatía y preguntarse: ¿por qué son tan felices en este lugar? Una primera respuesta que me dado es esta: porque es un lugar donde resulta muy fácil amar y ser amados, preguntar y responder, ayudar y ser ayudados, perdonar y ser perdonados (incluso por la torpeza, cuando es necesario vestir alguno la primera vez). En Villa Chiereci todo está hecho para cuidar de las personas, acogerlas, caminar con ellas, pedir con ellas. Y todo te lo recuerda, comenzando por las fotografías.

 

En la foto: Una pintura realizada por uno de los huéspedes de la cooperativa: C. Paltrinieri, «Amici III», 2009.

 

 

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