El comisario Ottavio Ponzetti es el protagonista romano de la novela policiaca aconsejada por don Massimo…

Como saben mis lectores, en los últimos treinta años me ha hecho mucha compañía el comisario Maigret. He leído muchas veces sus investigaciones. ¿Cuál es la razón de esta preferencia? La simpatía que en mí suscita el personaje salido de la pluma de Simenon, su amor por las cosas de la vida, su compasión por la debilidad humana. Pero hoy no deseo hablar de él. En los últimos tiempos he buscado otros autores de novelas policiacas. Hay uno que me ha convencido y me ha suscitado leer todas sus investigaciones. Hasta ahora son seis. Todas ellas publicadas por la editorial Fazi. Su nombre es Giovanni Ricciardi. Es un profesor de griego y latín en un instituto romano, apasionado por la literatura y la historia, “Su” comisario, Ottavio Ponzetti, es también él romano y esta capital es el ambiente por el que corre de la mañana a la noche, bajo el sol abrasador de julio o la lluvia de primavera o de otoño para llevar a cabo las misiones que le encargan sus superiores de la Policía Judicial.

Ponzetti – a diferencia de Mario Iannotta, un policía que lo acompaña en todas sus investigaciones y habla sólo romanesco malinterpretando todas las citas latinas de su jefe – hace frecuentemente referencias a textos literarios, a la música, así como su autor que esconde aquí y allá referencias y citas que sólo un lector atento puede percibir.

Ricciardi es un autor culto, pero que no hace pesar esta profundidad suya. Todo en sus libros es ligero. También Ponzetti, como Maigret, mira sin condenar, participa en la vida de los demás con ese desencanto tan romano que conoce sólo quien ha vivido largo tiempo en la capital de Italia que es, asimismo, el centro de la cristiandad. Quizás también por esto sus novelas son recorridos de reclamos evangélicos, de citas de textos sagrados, pero sobre todo de una experiencia de lo humano que revelan una familiaridad con la vida de la Iglesia.

Como Maigret, Ponzetti está casado, pero, a diferencia del comisario parisino, tiene una relación problemática con su mujer. Tiene dos hijas. Las tres mujeres entran frecuentemente en sus investigaciones. Ésta es también una bella diferencia con Maigret.

Para quien como yo ha vivido en Roma la mayor parte de su vida y ha cambiado de ciudad, leer estas novelas es como volver a Roma, volver a percibir sus colores, su periferia.

La primera investigación está ambientada en la Plaza Vittorio, entre la Vía Merulana y la iglesia de san Eusebio (encomendada hoy a la cura pastoral de los sacerdotes de la Fraternidad, don Sandro Bonicalzi y don Paolo Buscaroli a los que conozco muy bien). En el barrio Esquilino he vivido 18 años. Los gatos lo sabrán (pp. 157, 2008, Fazi Editore) es la historia de una gatera, asesinada en el momento en el que pasaba por Via Merulana la procesión del Corpus Christi con el Papa Benedicto XVI recién elegido.

¿Qué hay detrás de ese delito? ¿Qué esconde el pasado de la amiga de los gatos? Quien quiera conocer al comisario Ponzetti puede partir de aquí. Ponzetti vive ciertamente donde nació la Fraternidad de san Carlos.

Foto: Roma, plaza Vittorio Emanuele II. Al fondo, la iglesia de San Eusebio.

massimo camisasca

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