El arzobispo de la Madre de Dios en Moscú nos ofrece su recuerdo del encuentro con don Luigi Giussani, decisivo para su vocación.

El 22 de Diciembre de 2015 he cumplido 25 años de mi ordenación en la Fraternidad sacerdotal de los misioneros de san Carlos Borromeo. Entonces, cuando fui ordenado sacerdote junto a don Pino, don Peppino y don Gino, la Fraternidad tenía poco más de cinco años de vida. Había apenas nacido cuando entramos nosotros. Había manifestado el deseo de una vida sacerdotal comunional y misionera y este lugar me había sido sugerido por don Umberto Fantoni. Junto a don Massimo y algunos otros había dado vida a esta compañía de sacerdotes en Roma el 14 de Septiembre de 1985.

Para verificar la posibilidad de entrar en el seminario de la Fraternidad, don Umberto me propuso hablar con don Giussani, fundador del movimiento de Comunión y Liberación del que formaba parte y dentro de cuya experiencia don Massimo había iniciado la aventura de la Fraternidad de san Carlos.

Era el 2 de Octubre, fiesta de los Ángeles Custodios, cuando junto a don Umberto Fantoni y don Giorgio Pirini fuimos a Milán. No me había encontrado nunca personalmente con don Giussani antes de ese momento, lo había visto, únicamente, de lejos, con ocasión de los Ejercicios Espirituales para los miembros del movimiento de CL.

Le conté brevemente mi historia y las razones de mi adhesión a la propuesta de don Umberto de entrar en el seminario de la recién nacida Fraternidad de san Carlos. Don Giussani me preguntó por qué había querido entrar específicamente en esa Fraternidad, si no había pensado en el seminario de mi diócesis. Alguno entre los presente planteó la hipótesis, incluso, de frecuentar el seminario de otra diócesis … En suma, las hipótesis eran de lo más variadas.

En aquel punto, dije a don Giussani que, aunque no la había visto antes, aunque nunca le había hablado personalmente, de él había nacido la historia que me había llevado también a mí a encontrar a Cristo, que me había suscitado el deseo de hacer llegar este encuentro dondequiera que fuese necesario, que ésta era la razón de mi vocación sacerdotal y misionera. Recordad que el año anterior se había producido el memorable encuentro del movimiento de CL con el papa Juan Pablo II, en el que el Santo Padre había pedido al movimiento la disponibilidad para llevar a todo el mundo la verdad, la belleza, la justicia que se encuentran en Cristo Jesús. Por tanto, continué, si él, don Giussani, consideraba que esta posibilidad sería mejor realizada por mí entrando en un seminario diocesano, tomaría en serio su indicación. Por mi parte no había razones más claras que el hecho de que él, don Giussani, había iniciado esta historia que había llegado hasta a mí y que ¡este seminario me daba la posibilidad de “reflejar” este mismo encuentro a 360 grados!

Don Giussani me miró muy sorprendido. Después dijo: «No tenemos nada que añadir. Tú vas también a la Fraternidad. Recuerda solamente rezar a la Virgen para que te mantenga fiel a cómo Dios te ha hecho». Cosa que me he acordado de hacer.
paolo pezzi

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