Berdsk, Siberia: una nueva iglesia se está construyendo -también gracias a la ayuda de tantos benefactores italianos- sobre las cenizas del viejo edificio, que se quemó hace cinco años. Un don para la comunidad católica: Paolo Paganini, que sigue de cerca los trabajos, nos relata su experiencia.

Queridos amigos,

Por fin, gracias también a las donaciones recogidas en Italia, hemos empezado la segunda fase de la obra que tanto nos compromete, la construcción de la iglesia de Berdsk, una ciudad que se encuentra en la región de Novosibirsk. La parroquia, confiada a padre Alfredo Fecondo, está dedicada a San José. La iglesia de antes se quemó en un incendio, ya hace cinco años. Sobre los cimientos, que hemos echado en noviembre, estamos construyendo la estructura portante del edificio. Mientras tanto, ha llegado el deshielo y no es raro asistir a este curioso contraste: mientras que en el lado que da al sur los árboles ya son verdes, hacia el norte todavía se pueden ver montones de nieve. A finales de marzo, ríos de agua y barro habían invadido las calles de Berdsk: durante diez días había sido imposible llegar a la obra a pie. Para empezar a trabajar, hemos tenido que despejar el camino. A la Señora Olga, una feligresa que trabaja en este sector, le hemos pedido que forme un equipo para transportar la nieve al vertedero. El día antes del trabajo fui a comprobar la situación (y para negociar el precio). Mientras esperábamos el capataz, Olga y yo despejamos la entrada. Así, ella también pudo dar su contribución. Muchos nos ayudan, incluso las monjas de clausura nos han prestado la cámara de fotos. El primero de abril, habíamos acabado de limpiar el terreno. El día siguiente era domingo, y después de misa, junto a algunos feligreses, hemos ido a ver el estado de los trabajos. Un tractor había encallado, e intenté mover los bloques de hielo que lo aprisionaban. He descubierto que el hielo no estaba en el suelo, sino que era el suelo. Debajo, sólo había una capa de tierra anegada donde me hundí hasta el tobillo. Menos mal que tenía que ir a decir misa en un piso: me hice prestar calcetines y zapatos por el dueño de la casa…

Los albañiles que trabajan en la obra son simpáticos. Con motivo del Viernes Santo, había escrito al ingeniero pidiendo suspender los trabajos durante 5 minutos, a las 15 horas, como solíamos hacer antaño. Él me contestó amablemente: “¡Por supuesto!”. Cuando llegué a la obra a las 15:40, descubro que naturalmente no había habido ninguna pausa. Decidimos juntos hacerla a las 15:45; por otro lado, cuando Jesús murió, en Siberia no eran las tres…

Tenía conmigo la Eucaristía porque en la habitación donde nos reunimos para la misa no hay un tabernáculo. He rezado en silencio en el futuro presbiterio, donde estará el altar. Los albañiles estaban en un rincón, ellos también en silencio. Uno se sacó un cigarrillo, pero antes de encenderlo esperó a que acabara de rezar.

Ha sido una experiencia especial, bella, incluso con los obreros que participan en la construcción de la iglesia. Uno de ellos me preguntó si era pecado trabajar en Viernes Santo. El día siguiente, antes de la vigilia pascual, he pasado por la obra para ver si habían corregido la posición de un ladrillo. Eran las 6 pasadas, sólo quedaba un albañil que redondea el sueldo haciendo de vigilante. Me dijo con entusiasmo que había encontrado unos iconos. De hecho, eran cuadritos con estampas del Sagrada Corazón de Jesús y de María. Había también una estación del Vía Crucis de madera, recuperada del incendio que había destruido el edificio anterior. Me preguntó si era buena señal encontrar unos iconos la vigilia de Pascua: le he contestado que seguramente no era malo. Algunos de estos albañiles serán nuestros vecinos de casa: son personas positivas y simples.

En Pascua bautizamos a Alya, una chica de origen kazako, que viene de una familia atea. Ella encontró la Iglesia donde vivía antes, en Palavinnoe, un pequeño pueblo a cuatro horas de Novosibirsk, donde trabaja desde hace 25 años padre Francesco Bertolina. De pequeña iba a menudo a misa. Con el tiempo ha madurado el deseo de recibir el bautismo, “para encontrar a Jesús”. Esta simple frase de padre Francesco ha sido custodiada durante años en el corazón de Alya, y hoy la ha llevado a su entrada en la Iglesia. Para celebrarlo, he traído una botella de cava. Nadie la quiso. No he logrado repartirla tampoco en la obra. El capataz me dijo que, por contrato, no beben en el trabajo. ¡Y luego dicen que en Rusia se bebe mucho! La botella la conservo en el frigorífico… la beberemos cuando la iglesia esté acabada.

 

En la foto, la nueva iglesia en construcción en Berdsk.

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