El encuentro en la casa de formación con el padre Vito d’Amato ha ofrecido a los seminaristas un punto de vista privilegiado sobre la vida y el testimonio de Chiara Corbella Petrillo.

“La mayor alegría para un sacerdote es darse cuenta de haber sido confesor de un santo”. Es la experiencia que el padre Vito d’Amato vivió cerca de Chiara Corbella Petrillo, desde los años de su noviazgo con el futuro marido, Enrico, hasta los últimos días de su vida. Precisamente así empezó el relato del padre Vito, invitado una tarde-noche a nuestra casa de formación: “«Estamos con las linternas encendidas. Esperamos al Esposo»”, me escribió Chiara en su último mensaje. ¿Qué podía decirle yo a una persona más santa que yo?”

Hace unas semanas salió en la prensa la noticia de la apertura de la causa de beatificación de Chiara Corbella, muerta por un tumor después de dar a luz a su tercer hijo, Francesco. Los dos primeros, Maria Grazia Letizia y Davide Giovanni, sólo vivieron unos pocos minutos después del parto, antes de volver al cielo. El último en cambio era sano, pero para permitirle nacer Chiara había tenido que luchar con la enfermedad y con los médicos que le aconsejaban que abortara.

“Siempre me ha impresionado un cuadro de Antonello da Messina” nos cuenta el fraile franciscano, “porque el pintor elige representar la Anunciación poniéndose desde el punto de vista del ángel. Así nosotros, con él, miramos a María”. Con esta imagen describía su experiencia junto a Chiara: y podemos decir que, escuchándole a él, algo similar nos sucedió también a nosotros. Nuestro invitado, en efecto, nos ha presentado el recorrido de esta chica desde su punto de vista, el del sacerdote llamado por Dios a acompañar a las personas a través de todas las fases de su existencia, desde el nacimiento hasta la muerte. Ante todo, “nuestro papel es el de decir que el matrimonio es para toda la vida” continua padre Vito. Es la propuesta exigente de una vida “divina”, para la cual el hombre está hecho, a la que solo Dios, incluso a través de sus sacerdotes, puede introducirnos. Una propuesta digna del corazón: “Chiara siempre ha querido esto de mí, nunca menos”. “Yo he nacido para su vocación” dice, pensando en el momento en el que empezó a preparar a Chiara y Enrico para el matrimonio, el verdadero centro de su camino de fe. Padre Vito sabe haber sido escogido para esto, hasta el punto que frente a la enfermedad de Chiara se dirige a Dios, ofreciendo su vida a cambio. Después, “el Señor me hizo entender que yo la vida ya la había dado, con el bautismo y sobre todo con la ordenación sacerdotal”.

Las vidas de los santos nos fascinan porque son vidas entregadas para el reino de Dios. Y es esto lo que nos atrae a nuestra vocación.

 

En la foto, una imagen de Chiara Corbella y padre Vito d’Amato.

lea también

Todos los artículos