Unas vacaciones con universitarios hacen aflorar las preguntas más profundas de su corazón. Testimonio desde Taiwan.

Un par de semanas antes de Pascua, aprovechando las vacaciones celebradas en Taipei, con motivo de la fiesta de limpieza de tumbas (festividad de Qingming, ndt), organizamos una salida de tres días y dos noches en HuaLian, una pequeña ciudad situada en la costa oeste de Taiwan, con los estudiantes universitarios que frecuentan los encuentros que hacemos en la universidad de FuJen. Las vacaciones surgieron a partir de su deseo de pasar tiempo con nosotros, gratuitamente y haciendo algo bonito juntos. Paolo Costa, responsable del grupo de universitarios, se ofreció a organizarlas con ellos. Era la primera vez que se hacían después de muchos años, la expectación era grande para todos.

Los tres días se prepararon atendiendo las necesidades de todos. Especialmente, las mañanas eran libres para que nosotros, los cinco sacerdotes, tuviésemos tiempo para rezar y hacer silencio. Antes de la comida celebrábamos la misa, a la que podía acudir quien quisiera. Las tardes fueron organizadas por los estudiantes, incluyendo momentos de encuentro, de juego o deporte. Vimos juntos el vídeo El circo de las mariposas y tuvimos dos momentos de asamblea.

A pesar de que solo uno de los diez jóvenes que había es católico, la propuesta que les hicimos durante esos días era explícitamente cristiana, así como el grupo al que acuden normalmente. El tema de las vacaciones se eligió a partir del vídeo, donde el protagonista descubre su propio valor solo cuando reconoce sobre sí mismo una mirada de amor incondicional. En esos días deseábamos ayudarles a descubrir si en su vida existía esta mirada de amor.

Las vacaciones fueron muy bonitas, hubo momentos de verdadera comunión e incluso profundas conversaciones con algunos de ellos. Con otros, en cambio, apenas conseguimos rascar la superficialidad que domina normalmente en sus vidas. Los chicos aprovecharon para descansar, algunos incluso para dormir hasta tarde. Me sorprendió que uno de ellos durante esos días siempre se despertaba pronto. Al responder a la pregunta que uno de nosotros le dirigió sobre por qué lo hacía, dijo: «¡Tenemos tan poco tiempo para estar juntos que no puedo pasarlo durmiendo!».

Para mí estas vacaciones han sido un pequeño milagro. Estos chicos que se conocen desde hace algunos años, con frecuencia se pierden en mil actividades. Raramente consiguen tener amigos de verdad, coetáneos con los que afrontar los temas importantes de la vida, sin vergüenza. La seriedad con la que afrontaron el tema que les propusimos, la fidelidad al grupo semanal, ha ido cambiando poco a poco algo en ellos. Se tratan con más atención, lentamente están aprendiendo a ser amigos.

Durante el tiempo que pasamos juntos, en las conversaciones y en los juegos, poco a poco van saliendo las preguntas más profundas que llevan en el corazón. Y gracias a Dios también emergen intuiciones de respuesta. De hecho, me sorprendió la intervención de una en la asamblea final. Era la primera vez que participaba en una misa católica y pensaba que se trataba simplemente de una liturgia como la que hacen en la religión tradicional, un rito cuyo significado profundo a menudo es incomprensible. En cambio, gracias a la homilía del sacerdote que presidía, entendió que la misa −como bien expresa su nombre en chino, Gan En Ji, literalmente, sacrificio para dar gracias− es una liturgia dirigida a agradecer a Dios el hecho de ser amados por Él de un modo infinito. Añadía que esto era lo que había experimentado durante las vacaciones. Esta chica ha entendido el significado de la misa más que muchas generaciones de taiwaneses católicos.

No podemos conocer la semilla que Dios planta en los corazones de estos jóvenes ni si producirá el fruto deseado. Pero una cosa está clara: al estar con ellos, descubro continuamente que Dios obra en mí. Obra para que yo aprenda la sencillez de reconocerle en su actuación silenciosa y, sin embargo, creadora de una humanidad nueva, como sucedió en estas vacaciones.

Simone Valentini, vicario de St. Paul, Taipei (Taiwan). Arriba, cantos con la comunidad local de Comunión y Liberación.

lea también

Todos los artículos