De Czestochowa a Fátima, la compañía de la Virgen en la vocación sacerdotal.

Puede parecer obvio preguntar a Raffaele Cossa por Fátima. Desde hace diez años es misionero en Alverca, en la periferia de Lisboa, a un centenar de Km. del santuario, vicepárroco de la iglesia dedicada a los beatos pastorcillos Francisco y Jacinta. Y en cambio no, él comienza hablándonos de una pregunta hecha a la Virgen de Czestochowa, de una respuesta llegada puntualmente, de un voto cumplido quince años después. «Cuando fui a Czestochowa en peregrinación, al finalizar mis estudios de Física, sabía que me dedicaría al Señor, quería ser sacerdote. Pero en el momento en el que puse el pie en el santuario de la Virgen Negra, le pedí que me mostrase un lugar donde estar, donde mi vocación pudiese crecer. Si esto sucediese – había prometido – volvería allí. Pero en mi interior estaba poco convencido: ¿Cómo volvería?».

Era el año 1998. Un mes después, un amigo, Ettore Ferrario, le invita a comer una pizza con un sacerdote de la San Carlos. Después de esa noche, Raffaele comienza a frecuentarle junto a otras personas interesadas en la vida de la Fraternidad. En 2005 es ordenado sacerdote. «El voto que había hecho había quedado en el cajón de mi pereza. Me decía que debía volver a Polonia, me preguntaba si ir en avión o hacer de nuevo la peregrinación. El año pasado he comprendido que no podía retrasarlo más. He hecho la peregrinación con los chavales pero de cura, como confesor, una ocasión para dar gracias por la vocación que se me ha dado, gracias a la Virgen por la ayuda que me había prestado».

Pero ¿qué tiene esto que ver con Fátima, la parroquia y los pastorcillos? «Fátima es un lugar donde las personas piden mucho a la Virgen, lo piden todo. Algunos hacen promesas, si reciben la gracia hacen una vuelta de rodillas en torno a la capillita de las apariciones. Al principio me sorprendió esta devoción popular, este fuerte sentimiento. Después conocí a los pastorcillos, su simplicidad, he visto sus casas: impresiona ver que María se apareció en un agujero, en un lugar casi olvidado de Dios pero donde había fe. Me parece que María elige los lugares más abandonados y perdidos para recordarnos que el cristianismo es algo sencillo, para todos. Es Dios quien se revela».

 

Raffaele Cossa, sacerdote desde el 2005, está en misión en Alverca (Portugal). En la foto, durante una marcha con chavales.

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