La caritativa semanal forma parte de la propuesta educativa del seminario. Testimonio sobre la cárcel de menores de Roma.

Al superar las pesadas puertas de la cárcel de menores Casal del Marmo siempre tengo la sensación de entrar en otro mundo. Todo es diferente a lo que estamos acostumbrados, pero la quietud exterior de los edificios esconde el malestar y la rabia de los chicos que están ahí. Giorgio y yo, seminaristas del quinto año, acompañamos desde hace bastantes meses todos los sábados por la tarde y los domingos por la mañana al padre Nicoló en su tarea como capellán. La cárcel está dividida en tres secciones donde viven las chicas, los chicos menores y los mayores. Aparte de preparar la misa del domingo, nuestra actividad es muy simple: junto con algunos voluntarios, nos dividimos en tres grupos y pasamos un rato con los chicos en la sala común, jugando al futbolín, al ping pong, a las cartas o hablando con ellos.
El sincero afecto de los jóvenes hacia el padre Nicoló, que va a visitarles cada día, es conmovedor y repercute también sobre nosotros. Sin embargo, no es sencillo estar con ellos. A veces parece que pertenecemos a dos mundos totalmente diferentes. En su interior, se esconde una mezcla de sentimientos y heridas realmente profundas, que en el exterior se esconden tras una máscara de arrogancia. Ante quien los mira, parecen autosuficientes, chicos que no dependen de nadie, islas de autonomía que no pueden darse a conocer. En cierto sentido, me recuerdan a lo que viví en mis primeros días de secundaria, cuando entré en un mundo ajeno a mí y quería defenderme de todo y de todos.
En cambio, a veces se abren rendijas en esa coraza protectora. Sucedió con uno de ellos cuando me pidió que le contara algo de mi vida. Delante de la pregunta de cómo hacía para mantenerme, estudiando todo el día, le respondí que recibía ayuda concreta de unos amigos, los cuales que me sostienen gratuitamente.
Muy sorprendido, comentó: «¡Qué fuerte! Yo también quiero tener amigos así». Era exactamente el mismo deseo que yo tenía en secundaria, antes de conocer a los amigos de GS (Gioventù Studentesca). He descubierto que, al contrario de lo que quiere hacer creer a quien está con él, este chico en el fondo desea ser amado, igual que yo. Quizás no somos tan diferentes después de todo.

 

Imagen: celebración de la Eucaristía en la capilla de la cárcel de menores Casal del Marmo.

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