Unas vacaciones y una peregrinación para acercarse a Jesús. Testimonio desde Denver (USA).

El año pasado, durante los días de Pascua la madre de uno de nuestros alumnos vino a hablarme porque su hijo quería ser bautizado. Le pedí que me contara la historia. Christopher (el nombre es inventado) se había cambiado a nuestro colegio porque, al contrario de lo que ha sucedido en las escuelas públicas, durante el tiempo de Covid seguimos dando clase de manera presencial todo el año. La madre es católica y el padre luterano. Por una serie de razones no bautizaron al hijo, que, al entrar por primera vez en contacto con la Iglesia, se quedó impresionado con la razonabilidad de la fe. Motivo por el cual expresó su deseo de ser católico. Empecé a verme con él para leer el evangelio y hablar de Jesús. Christopher me hacía muchas preguntas. Al final del año lo invité a las vacaciones de los Venturers, el grupo de primero, segundo y tercero de la ESO de la parroquia. Él fue y volvió muy contento.
Un par de días después de las vacaciones, la madre me habló de su hijo mayor Simon. Estaba preocupada porque siempre lo veía metido en los videojuegos, sin amigos apenas. Simon fue bautizado en la iglesia luterana, pero nunca había practicado ninguna religión. La madre me preguntó si por casualidad no había otras vacaciones para chicos de bachillerato como a las que había ido Christopher. «¡Claro, nos vamos en dos días!», −le dije−, «Simon tiene tiempo para inscribirse». Al final, el chico no vino, pero la madre no se dio por vencida. Cuando me volvió a preguntar si estaba dispuesto a hablar con Simon, le sugerí que le invitara a alguno de nuestros encuentros de verano de GS. Simon aceptó. Cuando llegó, inmediatamente se sintió acogido, participó con gusto en los juegos y en la escuela de comunidad.
Cuando terminó el verano, empezamos el nuevo curso escolar con un gesto un poco diferente respecto a los de los días de convivencias en verano. Propusimos una peregrinación a una parroquia cercana, un monasterio que había sido de monjas benedictinas, precioso, dedicado a la Virgen. El día fue sencillo: desde las siete de la mañana hasta las tres de la tarde caminamos y rezamos. En los descansos meditábamos algunos pasajes en los que Giussani habla de los años del seminario, cuando se preguntaba, junto con los amigos, qué tenía que ver Dios con las matemáticas, por ejemplo. Páginas sencillas que muestran la posibilidad real de vivir por el ideal, también siendo joven.
Simon estaba con el resto de chicos: leía, meditaba y rezaba. En un momento se acercó y me preguntó si podía llevar la cruz un rato. Los chicos se fueron encargando de llevar por turnos una imagen de la crucifixión de san Damián. De modo que también él, luterano y con poca familiaridad con Jesús hasta ayer, sintió la necesidad de mostrarlo al mundo, de llevarlo entre sus manos, para que a su vez Cristo cargara con él.
Mientras tanto, la madre empieza a contarme que su matrimonio nunca ha sido bendecido por la iglesia. Ahora que ha vuelto a ir a misa, echa de menos no poder hacer la comunión. Así, comienza un camino también con ella. El Covid ha sido una cruz para todo el mundo. Sin embargo, para muchos se ha vuelto la ocasión de abrir una rendija al Señor. Cuando la puerta está abierta, Él entra como un viento impetuoso y cambia la vida de quien se deja hacer.

 

Accursio Ciaccio es vicario de la parroquia Nativity of Our Lord, en Broomfield (USA). Imagen: con el grupo de los Venturers, los chicos de la ESO.

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