Taipéi, Universidad Católica Fu Jen. Cada martes por la tarde a las cinco y media, en la sala de la Asistencia espiritual de la Facultad de Letras, un pequeño grupo de estudiantes se reúne con nosotros los sacerdotes para un encuentro en el que hablamos de nuestra vida, al que sigue invariablemente la cena en uno de los muchos locales cercanos a la Universidad. Es gracias a estos encuentros que hace tres años conocimos a Rosalía.

Taiwanesa, de familia taoísta, Rosalía tomó este nombre cuando estudiaba español en la Universidad Católica. En realidad ella no ha participado nunca directamente en nuestros encuentros. De hecho, trabajaba en la Asistencia espiritual, así que, mientras nosotros cantábamos o hablábamos, ella, sentada en el ordenador, escuchaba todo. Siempre estaba contenta de vernos. Así una vez, después del encuentro, la invité a cenar con nosotros. Se iluminó: «Hoy no puedo, pero la próxima vez vengo seguramente». Así fue. No solo, vino con Patricia, una colega bautizada hace pocos años, graduada en francés.

Poco tiempo después, Rosalía expresó su deseo de bautizarse. Después de un periodo de catequesis, durante el cual la acompañaba fielmente también Patricia, en la noche de Navidad de 2012 recibió el bautismo en nuestra parroquia de San Francisco Javier en Taishan. La madrina naturalmente era Patricia.

Unos meses antes del bautismo habían venido ambas a cenar a nuestra casa, y hacia el final de la velada Rosalía nos confió: «Quiero compartir con vosotros algo que sabe muy poca gente: tengo una grave enfermedad psíquica. Por ello pronto deberé dejar el trabajo en la Universidad, que me pone demasiada presión, ahora debo descansar y curarme». Pasado el verano, la encontré en la Universidad, donde había venido a encontrarse con Patricia. Inmediatamente esta me dice «Shen fu [padre], Rosalía quiere casarse dentro de un año, pero no quiere hacerlo en la iglesia, ¡dile algo!». He preguntado a Rosalía si era su chico no católico que no quería. Me contestó que la razón estaba ligada a su situación económica. Pensaban ir a vivir a Australia, donde Mike, el futuro marido, estaba acabando un doctorado. «Quisiéramos casarnos por lo civil y posponer algunos años las fiestas». Replico: «Casarse en la Iglesia es casarse delante de Dios, no tiene nada que ver con el dinero y las fiestas. Si queréis os puedo casar incluso en mi despacho de párroco. La cosa importante es que queráis confiar vuestro amor a Dios». «Si es así, entonces magnífico», me respondió. Así la invité al curso prematrimonial.

Rosalía es muy inteligente, en el curso entiende todo enseguida (a pesar de mi chino) y hace preguntas muy pertinentes. Una vez, hablando de la apertura a la vida, ella me dice: «Shen fu, yo no sé si queremos tener hijos, porque es posible que cojan mi misma enfermedad».  Yo me quedo un momento sin palabras, después la miro y le pregunto: «¿Pero tú eres feliz de vivir, de estar en el mundo, no obstante la enfermedad?». A su respuesta afirmativa, algo conmovido, prosigo: «Yo también me alegro de que tú existas, y seré feliz de conocer a tus hijos».

El 28 de Marzo de este año, primer sábado después de Pascua, Rosalía y Mike se han casado en Taishan, y la fiesta la hemos hecho de todos modos: había orquídeas blancas de Pascua, y cantos de nuestra band. Los refrescos los ofreció la parroquia. A primeros de Mayo los recién casados se trasladaron a Australia, el 22 Rosalía me escribe: «Querido An shen fu, aquí en Australia es invierno, hace mucho frío; cada día debo hacer la compra y cocinar, en Taiwán lo hacían todo mamá y papá. Mi marido está esperando la nota de su tesis y el permiso de residencia para empezar a trabajar. No sé cómo será el futuro, pero quiero consignar todo a Dios».

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