Lo que Dios nos regala nos enseña a amar como Él ama.

¿Cómo hablar de los sacramentos a chicos de once años? Alina y yo nos lo preguntamos muchas veces al preparar el catecismo para el grupo que va a recibir la confirmación en una de nuestras parroquias en Roma. Una tarde, mientras trabajábamos en el jardín, Alina tuvo una idea: llevar piñas bonitas para explicar el don de la ciencia en el Espíritu Santo.

El domingo, una vez terminada la misa de las 10h, con la última nota del Himno a la Virgen, como si fuese el silbato que anuncia la salida, empieza la carrera hacia el aula de catequesis. Alina regala a cada uno una piña, diciéndoles que con el don de la ciencia el Espíritu nos ayuda a reconocer el signo de Dios en la belleza de la creación. Después del asombro inicial, domina la desilusión de los chicos al ver que las piñas no son de chocolate y no se pueden comer. Entonces, empiezan a destruirlas en trocitos y a lanzárselos entre ellos. Mientras Alina sigue con la explicación, a nuestro alrededor vuelan trozos como si fueran meteoritos. Observo los ojos de Alina entre el velo y la mascarilla, que me dicen claramente: «Nos hemos equivocado totalmente».

Me doy cuenta de que un niño está cabizbajo, a punto de llorar: «Han destruido mi piña, quería regalársela a san Valentino», susurra. Les indico a todos que el aula está sucia y explico que el pecado es precisamente tratar mal algo que se nos ha regalado. Vamos a coger una escoba y juntos recogemos los trozos, uno a uno, como si fuesen nuestros pecados, presentados ante Dios con vergüenza para pedirle perdón. Al terminar la hora, Alina reparte piñas nuevas que inteligentemente había dejado aparte. Les explicamos que también Dios, cuando nos perdona, nos vuelve a regalar las cosas para que podamos aprender a amar como nos ama Él.

Mientras intentamos transmitir a los chicos los misterios del Espíritu y sus dones, descubrimos que somos las primeras espectadoras de la obra de Dios, el único capaz de tocar su corazón.

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