Proponemos una mirada a las vidas de algunos santos americanos, a los que el Meeting 2016 ha dedicado una exposición.

Es una extraña compañía la que desde hace más de un año frecuenta don Pietro Rossotti, ciudadano de Varese prestado a Washington, junto a algún amigo y a unos cincuenta chicos del CLU de Estados Unidos y Canadá. Santos, beatos, pero sobre todo hombres: gente interesante, si ha inspirado a Pietro y a sus amigos una exposición – American Dream. Un viaje con los Santos americanos, presentada este año en el Meeting y visitada por miles de personas – y un libro publicado por Marietti, a cargo de Mathieu S. Caesar y Pietro Rossetti, que se ha agotado en pocos días. En el origen, está un tema elegido para las vacaciones de los universitarios: la santidad. «Aquí en América está muy en boga un moralismo que ve el santo como al hombre perfecto. Hemos leído un texto de Giussani que en cambio decía lo contrario: “El santo es el hombre verdadero”. A partir de ahí se inició un interesante dialogo sobre que es la santidad como vocación a la que todos estamos llamados». La segunda intuición nace durante una peregrinación a Wisconsin, donde en 1859 la Virgen se apareció a una pobre inmigrante belga. «Our Lady of Good Help se encuentra en Champion, un lugar muy remoto, y pocos lo saben. Sin embargo, es una de las quince apariciones reconocidas por la Iglesia católica, como Lourdes. Este silencio nos ha impactado y ha hecho crecer en nosotros el deseo de conocer mejor nuestra historia».

Así comenzó un viaje que les llevará muy lejos, a lo largo y ancho del continente, a través del espacio y el tiempo que marca la historia del Nuevo Mundo. «Hemos empezado con los jesuitas americanos, que quizás son los más conocidos: Jean de Brébeuf, Isaac Jogues y sus compañeros, martirizados en Quebec a comienzos del siglo XVII, Charles Garnier. Hicimos ver la conexión entre su sacrificio y la santidad de Kateri Tekakwitha, una joven india, la primera santa canonizada por Benedicto XVI. Luego nos mudamos a California y hemos elegido la figura del fraile menor Junípero Serra, canonizado el año pasado por papa Francisco. Pocos lo conocen: pero en el Capitolio de Washington, donde cada estado dona dos estatuas que lo representan, para California está él, san Junípero. Después nos movimos aún más hacia el Oeste y hemos ido a las Hawái del siglo XIX: aquí, en Molokai, dedicó su vida el misionero belga Damián de Veuster, san Damián de los leprosos. Cuando lo canonizó, Benedicto XVI se preguntó: ¿Cuál es la lepra de nuestro tiempo? Buena pregunta: aprendamos la caridad de Damián y no nos echamos atrás tampoco en nuestros campus, donde la lepra es el relativismo, el individualismo, el hombre que se hace a sí mismo. Por último hemos vuelto a Filadelfia en el siglo pasado, para descubrir la aventura de Katharine Drexel, esta gran santa que fundó una orden y dio origen a escuela para afroamericanos y nativos. Una caridad activa, la vida que estalla: te hace entender que no hay dualismo entre construir obras y llevar a Cristo».

No sólo historias edificantes, ni exactamente modelos de éxito. Faltan las conversiones en masa, los milagros clamorosos. Los ocho jesuitas martirizados por los salvajes a quienes querían llevar a Cristo, la joven india que dio testimonio de Jesús “simplemente viviendo”, san Damián, que en las cartas a los padres y al hermano confiesa el disgusto que siente por la enfermedad de la que él mismo morirá: «Y poco a poco, después de años y años, logré decirle al leproso: “Tu, oh Cristo”». De él, Mahatma Gandhi escribirá: “Sería interesante comprender el origen de tal heroísmo”. Es también la idea que impacta en los chicos de don Pietro: « ¿Qué es el éxito? No está en nuestras manos, si no de Dios. Cambian los criterios. Si la vida es realmente entregada a otro, es diferente también el modo con el que miras tu éxito. Su vida cambiaba gracias a la percepción de haber sido enviados allí, llamados. Su grandeza es el testimonio: así se propaga el cristianismo». Al final de la exposición hay un gran retrato, el de don Giussani. No propiamente un americano. «En la última sala estamos nosotros y lo que hemos descubierto: la compañía como lugar donde se educa y se experimenta la santidad. El santo no es un individuo aislado, no existe santidad sin pertenencia. Para nosotros todo esto se hace concreto dentro la gran historia del movimiento. El sí de don Giussani genera para nosotros la posibilidad de decir sí a Cristo». Y a los santos, sus compañeros de aventura, nuestros amigos.

 

La exposición American dream, presentada en el Meeting de Rimini 2016 Información: www.meetingmostre.com

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