Acompañar a la gente en sus propias circunstancias dona una nueva mirada sobre la vida. Testimonio (Viena).

Dos pequeñas escalinatas, bastante empinadas. La madera del pasamanos está totalmente consumida en algunas zonas, ahí en donde las manos se han apoyado durante tantos años, los pasos han hundido los peldaños. Por una de ellas se sube, por la otra se baja. Una vez arriba, uno se encuentra detrás, o mejor, dentro del altar principal de la iglesia, entre las estatuas de madera de los santos que miran desde lo alto. Aquí, según una antigua tradición, los peregrinos suben para «susurrar» al oído de la Virgen sus oraciones. Quién sabe lo que le habrán susurrado Jacek, Istvan y Andrea. Sí, también ellos −tres de los sintecho enfermos que cada miércoles vienen a comer a nuestra casa− han subido a decirle algo a la Virgen al oído. Justo en una de estas comidas surgió la idea de pasar juntos unos días de vacaciones. Encontramos una bonita casa de madera que daba a un lago, y dijimos: «¡Venga, vamos!». En torno a estos tres sintecho se han juntado algunas personas: familias con hijos pequeños, compañeros del colegio, amigos a los que no veía desde hacía tiempo, creyentes y ateos, sanos y enfermos. Entre ellos, también está Marie, una joven madre que nos sugiere el tema de estos días: Nicodemo, el personaje bíblico, que le ha suscitado curiosidad a partir de haber visto la Piedad florentina de Miguel Ángel. En ella, el escultor cuando ya era anciano, se identifica con la figura de Nicodemo durante el descendimiento de Cristo de la cruz, por un lado, prestándole sus propios rasgos físicos, incluso los del rostro, y por otro, asumiendo tal vez la célebre pregunta que hizo a Jesús de noche, para que nadie lo viera con él: ¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo?

Las viejas costumbres que no cambian, al igual que mis preocupaciones antes de las vacaciones: «Esperemos que los mendigos no beban», «esperemos que no escapen», «esperemos que se porten bien, que se tomen las medicinas…». En cambio, fueron ellos los que hicieron nuevos estos días. Estaban agradecidos por la belleza del lugar, contentos de poder sentarse a la mesa y hablar con la gente, de contarles su propia historia, abiertos y participando en todo lo que hicimos, hasta en la breve peregrinación al santuario de Annaberg. A Jacek lo iban a operar unos días después del corazón, a Istvan de las piernas y a Andrea del estómago. Pero quisieron caminar con nosotros, yendo poco a poco hasta la iglesia y subir después por la escalera para decirle algo a la Virgen.

Al subir, yo también intento transmitir mis preocupaciones a la Virgen. Descubro sorprendido que, desde arriba, en la nave de la Iglesia, se pueden observar las cosas y las personas de un modo nuevo. Esta novedad transforma el deseo de pedir por un deseo de dar las gracias. Estar cerca de los santos regala una nueva perspectiva sobre las cosas y las personas que tenemos cerca cotidianamente.

Asimismo, la cercanía de los amigos sintecho nos regaló otra nueva perspectiva durante esos días, aliviando, en consecuencia, mis preocupaciones.

 

Giovanni Micco es párroco de la parroquia Anunciación de la Virgen María (Viena, Austria). Imagen: celebración de la misa durante la peregrinación al santuario de Annaberg.

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