Desde el pequeño «sí» de la mañana hasta el grande «sí» de la vida. Testimonio desde Eastleigh.

A finales de verano, aquí, en Eastleigh, junto con Luca y Marco, hicimos vacaciones de verano con un grupo de jóvenes de secundaria y bachillerato de la parroquia. Puesto que era difícil reservar un sitio en un campamento en mitad del bosque, optamos por una solución mixta. Pusimos las tiendas en el terreno de una de nuestras iglesias en el campo, haciendo vida de campamento, haciendo fuego todas las noches, y, al mismo tiempo, pudiendo disfrutar de nuestra infraestructura parroquial para cocinar y comer.
Hicimos muchas actividades durante la semana. El día empezaba con el desayuno, laudes y una breve introducción de Luca. Hicimos un cuadernillo de oraciones para cada día con fragmentos escogidos de los discursos del papa Francisco para ayudarnos a tratar temas como el de la libertad, la felicidad y el amor verdadero. El primer tema también era el lema de las vacaciones: «Decir sí». Por la tarde hacíamos actividades al aire libre en el bosque. Después de la misa diaria, antes de la cena, nos reuníamos divididos en dos grupos para que cada uno compartiese lo que había supuesto el día y describir las «pepitas de oro» que había descubierto.
Un día, algunos de nosotros fuimos a dar un paseo en canoa. Una de las chicas dijo: «Ha sido muy bonito ir en canoa con los amigos. Al principio ha sido difícil, porque me he dado cuenta de que solo podía remar por un lado y sola no podía hacer que la canoa fuese recta. Para avanzar teníamos que hablar entre nosotros. Creo que esto vale también para nuestra compañía».
Un hecho sencillo y divertido se convirtió en algo concreto que educaba a esta chica. Las vacaciones me permitieron conocer mejor a los chicos, verlos crecer y madurar más allá de las actividades que hacíamos. El fin de estos días estaba claro: comunicar a los chicos que la vida cristiana abraza cada aspecto de la experiencia, desde la oración hasta la comida, desde hablar con los amigos hasta los momentos de diversión. He entendido que la fe empieza con el deseo de vivir una vida plena. Las vacaciones fueron una oportunidad para implicarse totalmente con la propuesta de la comunidad, la ocasión de aprender a caminar juntos.
Volviendo al tema principal de las vacaciones, el primer paso hacia una vida plena es la capacidad de decir «sí». Hemos sido testigos del espectáculo de la libertad de estos chicos, desde el pequeño «sí» con el que empezábamos el día, hasta el gran «sí» con el que participábamos en las actividades, que revelan quiénes somos, con nuestros miedos y límites.
Espero ver a alguno de ellos durante el año, para seguir el viaje que hemos empezado juntos.

Imagen: una calle de Romsey (Reino Unido).

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