{"id":16947,"date":"2026-02-27T10:20:58","date_gmt":"2026-02-27T09:20:58","guid":{"rendered":"https:\/\/sancarlo.org\/il-dolore-e-divenuto-attesa\/"},"modified":"2026-03-14T16:07:09","modified_gmt":"2026-03-14T15:07:09","slug":"el-dolor-se-ha-convertido-en-espera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sancarlo.org\/es\/el-dolor-se-ha-convertido-en-espera\/","title":{"rendered":"El dolor se ha convertido en espera"},"content":{"rendered":"<figure class=\"wp-block-image wp-block-image--fnztema is-style-full-width\"><picture><source media=\"(min-width: 1280px)\" srcset=\"https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Don-Simone-Gulmini-Sotero-del-Rio-Santiago-_-COPERTINA-hp2-1-1366x911.jpg 1x, https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Don-Simone-Gulmini-Sotero-del-Rio-Santiago-_-COPERTINA-hp2-1.jpg 2x\"><source media=\"(min-width: 1024px)\" srcset=\"https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Don-Simone-Gulmini-Sotero-del-Rio-Santiago-_-COPERTINA-hp2-1-1024x683.jpg 1x, https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Don-Simone-Gulmini-Sotero-del-Rio-Santiago-_-COPERTINA-hp2-1-2048x1366.jpg 2x\"><source media=\"(min-width: 768px)\" srcset=\"https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Don-Simone-Gulmini-Sotero-del-Rio-Santiago-_-COPERTINA-hp2-1-800x533.jpg 1x, https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Don-Simone-Gulmini-Sotero-del-Rio-Santiago-_-COPERTINA-hp2-1-1600x1067.jpg 2x\"><source media=\"(min-width: 200px)\" srcset=\"https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Don-Simone-Gulmini-Sotero-del-Rio-Santiago-_-COPERTINA-hp2-1-500x333.jpg 1x, https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2026\/02\/Don-Simone-Gulmini-Sotero-del-Rio-Santiago-_-COPERTINA-hp2-1-1000x667.jpg 2x\"><img decoding=\"async\" src=\"data:image\/gif;base64,R0lGODlhAQABAAAAACH5BAEKAAEALAAAAAABAAEAAAICTAEAOw==\" alt=\"Don Simone Gulmini Sotero del Rio Santiago COPERTINA hp2\" \/><\/picture><figcaption>Un sacerdote de la Fraternidad San Carlo visita a los pacientes de un hospital de Santiago de Chile.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n<p>\u00bfPor qu\u00e9 el dolor? \u00bfQu\u00e9 significado tiene el sufrimiento? \u00bfEs posible una vida sin dolor?<\/p>\n\n\n\n<p>Estas preguntas nos acompa\u00f1an siempre y no logramos resolverlas. A veces, para tomarnos un respiro, buscamos un anelg\u00e9sico, como el que nos propone un aforismo de la filosof\u00eda oriental atribuido a Buda: \u00abNoventa amores, noventa dolores. Treinta amores, treinta dolores. Un amor, un dolor. Ning\u00fan amor, ning\u00fan dolor\u00bb. Aprender a no amar: ser\u00eda la \u00fanica respuesta posible si nuestra vida fuera soledad. Ciertamente no ser\u00eda razonable, pero tal vez ser\u00eda la \u00fanica posibilidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Una de las caracter\u00edsticas del arte barroco colonial que he conocido en Am\u00e9rica Latina es el realismo, la insistencia con la que reproduce el sufrimiento. Es un estilo art\u00edstico que corresponde a una sensibilidad religiosa. Tuve la oportunidad de verlo cuando era p\u00e1rroco en Bogot\u00e1. Las escenas m\u00e1s representadas son las de la pasi\u00f3n de Jes\u00fas. Las estatuas se decoran con ropa y cabello reales y tratan de mostrar, de una manera m\u00e1s cercana a la realidad, las heridas de los cuarenta azotes en el cuerpo de Nuestro Se\u00f1or, sus expresiones, sus sentimientos, su dolor. Cada a\u00f1o, durante la Semana Santa, todo el pueblo colombiano revive en las iglesias y en las calles los misterios de la pasi\u00f3n. Las miradas de todos se sienten atra\u00eddas por esas heridas: siempre me he preguntado por qu\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin duda, sin embargo, la estatua m\u00e1s importante es la \u00abDolorosa\u00bb. Es la imagen de la Virgen Mar\u00eda llorando junto a la cruz de la que pend\u00eda su Hijo. En nuestra parroquia de Bogot\u00e1, esa estatua solo se expone durante la Semana Santa. Dos mujeres se encargan de prepararla, adorn\u00e1ndola con cabello real y visti\u00e9ndola con largos mantos de terciopelo negro. Tiene en las manos un pa\u00f1uelo blanco con el que recoge la sangre de la muerte de su Hijo, y en las mejillas algunas l\u00e1grimas que no se secan y nos recuerdan la espada que le traspas\u00f3 el alma. El afecto por ella es tan grande que las mujeres, cuando la visten, le untan la cara y las manos con crema, como si pudieran cuidar su piel. Quienes entran en la iglesia en esos d\u00edas, pasan a visitarla y le encienden una vela. El S\u00e1bado Santo nos reunimos para rezar y guardar silencio ante ella, para acompa\u00f1arla, pero tambi\u00e9n para mirarla. Para comprender su dolor.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante la Semana Santa, vemos a Dios que entra en nuestro dolor, lo carga sobre s\u00ed mismo, se deja desfigurar por la traici\u00f3n y el abandono. Ha querido recorrer tambi\u00e9n este camino, para no abandonarnos en la soledad de nuestros miedos. No ha querido evitar el dolor. No ha tenido miedo de amarnos. Una, treinta, noventa veces. He aqu\u00ed la fuerza que atrae nuestras miradas hacia \u00c9l y que mueve a todo el pueblo colombiano a caminar junto a \u00c9l.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Cu\u00e1ntas veces Mar\u00eda vio a su Hijo entrar en el dolor de los hombres! Cuando era peque\u00f1o, y luego cuando creci\u00f3. \u00a1Cu\u00e1ntas veces se conmovi\u00f3 por la seguridad con la que \u00c9l cargaba sobre s\u00ed mismo el mal, abriendo las puertas de una vida m\u00e1s verdadera! Ella tambi\u00e9n miraba las heridas de Nuestro Se\u00f1or, las hab\u00eda mirado durante toda su vida y hab\u00eda mirado su amor.<\/p>\n\n\n\n<p>Aprendi\u00f3 de \u00c9l a amar. As\u00ed es como se encontr\u00f3 bajo la cruz. Hab\u00eda aprendido de \u00c9l a amar y entonces lo am\u00f3 hasta el final. Le acompa\u00f1\u00f3 tambi\u00e9n en ese momento terrible, cuando vio su carne desgarrada bajo los latigazos y luego bajo el peso de la cruz. Nos impresiona la certeza con la que Mar\u00eda llev\u00f3 ese dolor. No sab\u00eda c\u00f3mo iba a suceder, y por eso lo sinti\u00f3 como una espada que la traspasaba, pero sab\u00eda que su Hijo vencer\u00eda a la muerte. Entonces su dolor se convirti\u00f3 en espera. Nuestros ojos se sienten atra\u00eddos por ella, y tambi\u00e9n nuestro coraz\u00f3n. En lugar de explicar el significado del dolor o de anestesiarlo, la \u00abDolorosa\u00bb entra en nuestro sufrimiento con su pa\u00f1uelo blanco y sus l\u00e1grimas, y espera por nosotros la victoria de su Hijo. Podemos aprender a esperar junto a ella.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El sufrimiento de la Virgen Mar\u00eda entra en el nuestro, permiti\u00e9ndonos contemplar el misterio del dolor. 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