{"id":18628,"date":"2026-07-02T17:04:00","date_gmt":"2026-07-02T15:04:00","guid":{"rendered":"https:\/\/sancarlo.org\/chi-ama-il-padre-o-la-madre-piu-di-me\/"},"modified":"2026-07-02T17:04:02","modified_gmt":"2026-07-02T15:04:02","slug":"el-que-quiere-a-su-padre-o-a-su-madre-mas-que-a-mi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sancarlo.org\/es\/el-que-quiere-a-su-padre-o-a-su-madre-mas-que-a-mi\/","title":{"rendered":"\u00abEl que quiere a su padre o a su madre m\u00e1s que a m\u00ed\u2026\u00bb"},"content":{"rendered":"<figure class=\"wp-block-image wp-block-image--fnztema is-style-full-width\"><picture><source media=\"(min-width: 1280px)\" srcset=\"https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/SANCARLO_2026_516_opt-1366x911.jpg 1x, https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/SANCARLO_2026_516_opt.jpg 2x\"><source media=\"(min-width: 1024px)\" srcset=\"https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/SANCARLO_2026_516_opt-1024x683.jpg 1x, https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/SANCARLO_2026_516_opt.jpg 2x\"><source media=\"(min-width: 768px)\" srcset=\"https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/SANCARLO_2026_516_opt-800x533.jpg 1x, https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/SANCARLO_2026_516_opt-1600x1067.jpg 2x\"><source media=\"(min-width: 200px)\" srcset=\"https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/SANCARLO_2026_516_opt-500x333.jpg 1x, https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2026\/06\/SANCARLO_2026_516_opt-1000x667.jpg 2x\"><img decoding=\"async\" src=\"data:image\/gif;base64,R0lGODlhAQABAAAAACH5BAEKAAEALAAAAAABAAEAAAICTAEAOw==\" alt=\"SANCARLO 2026 516 opt\" \/><\/picture><figcaption><em>Primera Misa de Giovanni Ferrari. Bas\u00edlica de Santa Mar\u00eda in Domnica, Roma, 28 de junio de 2026.<\/em><\/figcaption><\/figure>\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>Pas\u00f3 Eliseo un d\u00eda por Sun\u00e9n. Viv\u00eda all\u00ed una mujer principal que le insisti\u00f3 en que se quedase a comer; y, desde entonces, se deten\u00eda all\u00ed a comer cada vez que pasaba.Ella dijo a su marido: \u00abEstoy segura de que es un hombre santo de Dios el que viene siempre a vernos.Construyamos en la terraza una peque\u00f1a habitaci\u00f3n y pong\u00e1mosle arriba una cama, una mesa, una silla y una l\u00e1mpara, para que cuando venga pueda retirarse\u00bb.Lleg\u00f3 el d\u00eda en que Eliseo se acerc\u00f3 por all\u00ed y se retir\u00f3 a la habitaci\u00f3n de arriba, donde se acost\u00f3,y dijo a Guejaz\u00ed, su criado: \u00abLlama a esta sunamita\u00bb. La llam\u00f3; ella vino y se qued\u00f3 de pie ante \u00e9l.Eliseo dijo entonces a su criado: \u00abDile: Te has tomado todas estas molestias por nosotros\u2026, \u00bfqu\u00e9 podemos hacer por ti?; \u00bfhemos de hablar en tu favor al rey, o al jefe del ej\u00e9rcito?\u00bb. Respondi\u00f3 ella: \u00abYo vivo tranquila entre las gentes de mi pueblo\u00bb. Tras irse se pregunt\u00f3 Eliseo: \u00ab\u00bfQu\u00e9 podemos hacer entonces por ella?\u00bb. Respondi\u00f3 Guejaz\u00ed: \u00abPor desgracia no tiene hijos y su marido es ya anciano\u00bb.\u00a0Eliseo orden\u00f3 que la llamase. La llam\u00f3 y ella se detuvo a la entrada.\u00a0Eliseo le dijo: \u00abEl a\u00f1o pr\u00f3ximo, por esta \u00e9poca, t\u00fa estar\u00e1s abrazando un hijo\u00bb.\u00a0<\/em><br>Segundo libro de los Reyes (4,8-16).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Siempre es una alegr\u00eda llegar a este momento del a\u00f1o, que culmina con la ordenaci\u00f3n de nuestros hermanos m\u00e1s j\u00f3venes. Durante la solemne liturgia en la que son consagrados, hay un momento que siempre me conmueve profundamente: cuando los reci\u00e9n ordenados son ayudados a revestirse por primera vez con los ornamentos sagrados.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ayer, mientras se repet\u00eda ese gesto, contemplaba la belleza de la dalm\u00e1tica con la que fue revestido Alessandro. Parec\u00eda el uniforme militar de otra \u00e9poca, casi una armadura. Y lo mismo suced\u00eda con la casulla que visti\u00f3 Giovanni, una vestidura regia que expresa la dignidad del <em>munus<\/em> sacerdotal. Estos ornamentos son el signo de una humanidad renovada en Cristo, revestida de \u00c9l de un modo enteramente nuevo y singular. Son signo del hombre nuevo, del car\u00e1cter \u2212empleando el t\u00e9rmino de la teolog\u00eda\u2212 que ayer fue conferido a nuestros dos hermanos mediante el sacramento que recibieron.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Quiero expresar, por tanto, la inmensa alegr\u00eda que siento por ellos y, al mismo tiempo, dar las gracias a todos los que los han acompa\u00f1ado a lo largo de su camino de formaci\u00f3n. Como pod\u00e9is imaginar, el cuidado que dedicamos a esta tarea educativa tiene como finalidad que los j\u00f3venes que ingresan en la Fraternidad puedan abrazar su vocaci\u00f3n con plena libertad y conciencia. Deseamos que, al llegar ante el obispo que va a consagrarlos, puedan pronunciar un \u00abs\u00ed\u00bb convencido a Cristo desde lo m\u00e1s profundo de su coraz\u00f3n y asumir un compromiso definitivo. Es una labor a veces exigente, pero siempre hermosa, sobre todo porque nos permite compartir la vida durante algunos a\u00f1os, hasta que el conocimiento mutuo se hace profundo y nacen amistades duraderas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Por todo ello quiero dar hoy gracias al Se\u00f1or junto con vosotros.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Somos acogidos como hombres de Dios. No por nuestra santidad personal, sino por la realidad santa que representamos.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hoy la liturgia nos propone un bell\u00edsimo episodio tomado del Segundo libro de los Reyes. Es, sin duda, un relato extraordinario, que nos ayuda a comprender c\u00f3mo entiende la Fraternidad San Carlos la misi\u00f3n y c\u00f3mo deseamos vivirla concretamente. En \u00e9l se describe una din\u00e1mica que se repite cada vez que un misionero llega al lugar al que ha sido enviado. Me refiero a la profunda familiaridad que nace entre <em>un hombre de Dios<\/em> (cf. 2 Re 4,9) y las personas que lo acogen, le abren las puertas de su casa y ponen a su disposici\u00f3n cuanto tienen para sostenerlo en su misi\u00f3n. En el relato b\u00edblico, un matrimonio acomodado decide construir en la planta superior de su casa una nueva <em>habitaci\u00f3n<\/em> y amueblarla con una <em>cama, una mesa, una silla y una l\u00e1mpara<\/em> (cf. 2 Re 4,10). Eliseo ya hab\u00eda compartido muchas veces su mesa durante sus viajes. Ahora la mujer insiste en que disponga de un espacio reservado para que pueda orar, meditar, escribir y descansar. La sencillez de este cuarto revela un cuidado atento, el deseo de ofrecer al profeta un lugar acogedor. <em>Para que cuando venga, pueda retirarse, <\/em>dice la mujer a su marido al presentarle su idea. Y es igualmente significativa la raz\u00f3n que le da: <em>Estoy segura de que es un hombre santo de Dios el que viene siempre a vernos <\/em>(cf. 2 Re 4,9).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta es tambi\u00e9n una experiencia que nosotros vivimos. All\u00ed donde somos enviados, tambi\u00e9n nosotros somos cuidados y atendidos. Somos acogidos con la misma solicitud que recibi\u00f3 Eliseo, no porque seamos personas importantes o especiales, sino por lo que llevamos con nosotros, por el afecto que los cristianos tienen hacia el hecho de que Dios nos haya elegido. Somos acogidos como hombres de Dios. Ante todo, no por nuestra santidad personal, sino por la realidad santa que representamos. Y, sin embargo, esa estima inicial termina abrazando tambi\u00e9n concretamente a nuestra propia persona. Cu\u00e1ntas veces, incluso en estos d\u00edas, he podido comprobar con mis propios ojos este tipo de relaciones en torno a nuestros hermanos misioneros. Las amistades que nacen de este modo, cuya raz\u00f3n es la fe, poseen un tono singular, profund\u00edsimo. La gente nos mira con familiaridad y respeto. Los mayores nos cuidan con un afecto paterno o materno; los m\u00e1s j\u00f3venes nos ofrecen la confianza propia de un hijo o de un hermano. Y a trav\u00e9s de toda esa riqueza de sentimientos humanos se manifiesta la veneraci\u00f3n que corresponde a las cosas de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta experiencia, que se repite una y otra vez, encierra ante todo una llamada para nosotros, los misioneros. Las amistades que recibimos como don por el simple hecho de pertenecer a Dios son sagradas, y Dios nos pide que cuidemos, a nuestra vez, de quienes cuidan de nosotros. Tambi\u00e9n es un motivo de consuelo para los padres, las madres y todas las personas que han acompa\u00f1ado durante tantos a\u00f1os la vida de estos j\u00f3venes sacerdotes y que ahora los ven irse lejos de ellos.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Queremos vivir la misi\u00f3n construyendo en Cristo nuevas relaciones familiares, implic\u00e1ndonos profundamente en la vida de las personas que encontramos.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hay una segunda experiencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La relaci\u00f3n que nace con las personas que encontramos en la misi\u00f3n llega hasta lo m\u00e1s \u00edntimo de su existencia. En el relato b\u00edblico, el profeta entra en contacto con el drama de una mujer que, casada con un hombre ya anciano, ha perdido toda esperanza de tener un hijo. Agradecido por las atenciones con que ha sido recibido (cf. 2 Re 4,13), Eliseo se interesa por la situaci\u00f3n de esta familia. \u00bfQu\u00e9 puede haber m\u00e1s hermoso y natural que participar de la vida de quienes nos han abierto su casa? Hace llamar a la mujer y le pregunta qu\u00e9 puede hacer por ella. Quiz\u00e1 quiera presentar alguna petici\u00f3n al rey de Israel o al jefe del ej\u00e9rcito. Ella esquiva la pregunta; asegura que est\u00e1 bien y que vive tranquila entre los suyos. Pero Eliseo insiste y, cuando descubre el deseo que ella ya ni siquiera se atreve a expresar, le promete solemnemente, en nombre de Dios, que antes de un a\u00f1o tendr\u00e1 un hijo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La historia contin\u00faa de manera dram\u00e1tica. El ni\u00f1o nace y crece sano durante un tiempo. Pero un d\u00eda, mientras est\u00e1 en el campo con su padre, se siente indispuesto; lo llevan de regreso a casa y muere poco despu\u00e9s en brazos de su madre. La mujer vuelve a encontrarse impotente ante un destino que parece empe\u00f1ado en frustrar su deseo de maternidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entonces, sube a la habitaci\u00f3n de arriba, acuesta al ni\u00f1o sobre <em>el lecho del hombre de Dios<\/em> (cf. 2 Re 4,21) y corre a buscar al profeta. Lo encuentra en el monte Carmelo, donde est\u00e1 orando. Le suplica que vaya a su casa. Al principio Eliseo se resiste; preferir\u00eda no abandonar su retiro, pero finalmente accede. Va con ella, ora y obtiene de Dios que el ni\u00f1o vuelva a la vida. La Escritura presenta a Eliseo como un hombre de car\u00e1cter \u00e1spero, acostumbrado a largos tiempos de retiro y oraci\u00f3n. No busca ocasiones para hablar con la gente ni la vida social; ama el silencio y no es alguien que conceda f\u00e1cilmente su confianza, y menos a\u00fan a una mujer. Sorprende, por eso, la docilidad con la que acompa\u00f1a a aquella madre afligida. Sorprenden tambi\u00e9n su perseverancia y su insistencia al implorar la gracia de Dios.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Primero env\u00eda a su criado para que coloque su bast\u00f3n sobre el cuerpo del ni\u00f1o, pero no sucede nada. Despu\u00e9s acude \u00e9l mismo a la casa, ora y se tiende sobre el peque\u00f1o cuerpo ya fr\u00edo. Junta sus manos con las del ni\u00f1o, sus ojos con los suyos y su boca con la suya. Poco a poco el cuerpo comienza a entrar en calor, aunque sigue inm\u00f3vil. Eliseo sale entonces de la habitaci\u00f3n y camina de un lado a otro por la casa, como si necesitara recuperar fuerzas tras un gran esfuerzo. Finalmente vuelve a subir, se inclina de nuevo sobre el ni\u00f1o y obtiene su plena resurrecci\u00f3n, que despierta como quien sale de un sue\u00f1o profund\u00edsimo (cf. 2 Re 4,29-35).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Este relato, tan rico en detalles, muestra, por una parte, la inmensa confianza que aquella madre hab\u00eda llegado a depositar en el profeta. Se atreve a pedirle lo imposible. Su protesta ante la muerte del hijo anticipa las palabras con las que Marta y Mar\u00eda pedir\u00e1n a Jes\u00fas la resurrecci\u00f3n de L\u00e1zaro (cf. Jn 11,21-32). Pero el relato manifiesta tambi\u00e9n el profundo afecto que Eliseo siente por la familia que lo acoge. Y eso anticipa igualmente las l\u00e1grimas de Jes\u00fas por sus amigos de Betania antes de responder a la petici\u00f3n de las dos hermanas (cf. Jn 11,35).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tambi\u00e9n esta es una experiencia que nosotros vivimos. Tambi\u00e9n nosotros llegamos a querer profundamente a las personas y a las familias que nos reciben en los lugares de misi\u00f3n. Compartimos sus alegr\u00edas y sus sufrimientos como si fueran los de nuestra propia familia. Realmente se cumple para nosotros la promesa de Jes\u00fas: \u00abno hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por m\u00ed y por el Evangelio,&nbsp;que no reciba ahora, en este tiempo, cien veces m\u00e1s \u2212casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras\u00bb (Mc 10,29-30). M\u00e1s a\u00fan, el dinamismo propio de la misi\u00f3n consiste precisamente en esa multiplicaci\u00f3n, en ese ciento por uno de relaciones familiares all\u00ed donde somos enviados. Queremos vivir la misi\u00f3n construyendo en Cristo nuevas relaciones familiares, implic\u00e1ndonos profundamente en la vida de las personas que encontramos y haciendo nuestros los afectos y los lazos de quienes nos acogen. As\u00ed vivi\u00f3 Jes\u00fas su propia misi\u00f3n y as\u00ed nos ense\u00f1a a continuarla.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote\">\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cristo no nos quita nada de lo que hemos recibido en el orden natural. Lo lleva todo a una dimensi\u00f3n nueva.<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sobre este trasfondo, la Iglesia nos invita hoy a escuchar de nuevo unas palabras de Jes\u00fas que resultan desconcertantes. Las dirige a los disc\u00edpulos que env\u00eda a las aldeas de Galilea y siguen interpelando a los misioneros de todos los tiempos. Cada uno de nosotros, de un modo u otro, ha sentido en ellas una llamada que le alcanzaba en lo m\u00e1s hondo y le urg\u00eda a tomar una decisi\u00f3n. No queremos, por tanto, rebajar su alcance ni suavizar su contenido. Queremos descubrir la promesa positiva que encierran.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Jes\u00fas dice: <em>El que quiere a su padre o a su madre m\u00e1s que a m\u00ed, no es digno de m\u00ed; el que quiere a su hijo o a su hija m\u00e1s que a m\u00ed, no es digno de m\u00ed<\/em> (Mt 10,37).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estas palabras pueden sonar duras, especialmente para nuestros o\u00eddos acostumbrados al formalismo de lo pol\u00edticamente correcto. Solo podemos penetrar en el sentido de esta provocaci\u00f3n de Jes\u00fas sino desde la fe, es decir, respondiendo a una pregunta decisiva: \u00ab\u00bfqui\u00e9n es el que las pronuncia?\u00bb. \u00bfQui\u00e9n puede disponer de ese modo de los afectos de otra persona? \u00bfQui\u00e9n puede atribuirse el derecho de exigir semejante cosa y afirmar que quien no la cumpla no es digno de \u00e9l? \u00bfQui\u00e9n puede reclamar para s\u00ed el lugar que ocupan los v\u00ednculos fundamentales de la vida, aquellos que nos constituyen no solo f\u00edsica, sino tambi\u00e9n psicol\u00f3gica, cultural y espiritualmente? \u00bfQui\u00e9n pretende reemplazarlos?<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Solo Dios puede hacerlo. Solo Dios puede situarse como alternativa a los v\u00ednculos familiares, de la historia que nace de la carne y de la sangre.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero, en realidad, Dios no se sit\u00faa como alternativa a los afectos y relaciones fundamentales de la persona a la que llama. Durante estos a\u00f1os hemos reflexionado muchas veces sobre ello junto con los padres de nuestros seminaristas y sacerdotes. Y hemos descubierto que, aunque al principio pueda resultar dif\u00edcil aceptarlo, al final es hermoso rendirse a esa realidad m\u00e1s grande en la que Cristo quiere introducirnos. Para los padres y los hermanos de quien Cristo reserva para s\u00ed, Dios prepara una manera nueva de ser padre, madre, hermano o hermana. Una forma m\u00e1s profunda y m\u00e1s amplia, que no pierde nada de lo que la naturaleza ha regalado, sino que lo contiene y lo supera. Lo transfigura.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><em>\u00bfQui\u00e9n es mi madre y qui\u00e9nes son mis hermanos?<\/em> (Mc 3,33). Esta pregunta que Jes\u00fas dirigi\u00f3 a su madre y a sus parientes nos concierne tambi\u00e9n a nosotros. \u00bfQuiso acaso disminuir el valor de aquellos v\u00ednculos? \u00bfPretend\u00eda declararlos superados para sustituirlos por otros m\u00e1s interesantes? Todo lo contrario. Aquel d\u00eda Jes\u00fas invit\u00f3 a sus hermanos seg\u00fan la carne a unirse a sus hermanos seg\u00fan la fe. Los invit\u00f3 a entrar en la nueva familia que estaba fundando: una familia sin fronteras, universal. Ese mismo d\u00eda dijo a su madre la palabra que volver\u00eda a dirigirle desde la cruz: que ser\u00eda madre de todos los cristianos y de todos los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esta es, pues, la promesa que hoy el Se\u00f1or dirige tambi\u00e9n a vosotros, padres. Seguir\u00e9is si\u00e9ndolo, pero dentro de una familia mucho m\u00e1s grande. En vuestro hijo recibir\u00e9is muchos otros hijos, y vuestra paternidad y maternidad aumentar\u00e1n y se dilatar\u00e1. Y tambi\u00e9n vosotros, hermanos, hermanas y amigos de estos nuevos enviados de Cristo, seguir\u00e9is siendo lo que sois para ellos, pero en un horizonte que, gracias a la misi\u00f3n que reciben, se abre tambi\u00e9n para vosotros al mundo entero. Cristo no nos quita nada de lo que hemos recibido en el orden natural. Lo conduce todo a una nueva dimensi\u00f3n.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>L\u2019omelia del Superiore Generale della Fraternit\u00e0 san Carlo per la prima messa del novello sacerdote don Giovanni Ferrari.<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":18557,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"inline_featured_image":false,"slim_seo":{"title":"\u00abEl que quiere a su padre o a su madre m\u00e1s que a m\u00ed\u2026\u00bb - Fraternidad San Carlos","description":"L\u2019omelia del Superiore Generale della Fraternit\u00e0 san Carlo per la prima messa del novello sacerdote don Giovanni Ferrari."},"footnotes":""},"categories":[375],"tags":[680,486,487,488],"writers":[268],"regions":[386],"cities":[436],"class_list":["post-18628","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-meditaciones","tag-educazione-es","tag-ordinazioni-es","tag-sacerdozio-es","tag-vocazione-es","writers-paolo-sottopietra","regions-italia-es","cities-roma-es"],"acf":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/sancarlo.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18628","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/sancarlo.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/sancarlo.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/sancarlo.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/sancarlo.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=18628"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/sancarlo.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18628\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":18630,"href":"https:\/\/sancarlo.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/18628\/revisions\/18630"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/sancarlo.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/18557"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/sancarlo.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=18628"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/sancarlo.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=18628"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/sancarlo.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=18628"},{"taxonomy":"writers","embeddable":true,"href":"https:\/\/sancarlo.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/writers?post=18628"},{"taxonomy":"regions","embeddable":true,"href":"https:\/\/sancarlo.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/regions?post=18628"},{"taxonomy":"cities","embeddable":true,"href":"https:\/\/sancarlo.org\/es\/wp-json\/wp\/v2\/cities?post=18628"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}