{"id":5590,"date":"2023-11-08T17:30:15","date_gmt":"2023-11-08T16:30:15","guid":{"rendered":"https:\/\/sancarlo.org\/dove-dio-vuole-che-sia\/"},"modified":"2024-02-02T17:05:43","modified_gmt":"2024-02-02T16:05:43","slug":"dove-dio-vuole-che-sia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sancarlo.org\/es\/dove-dio-vuole-che-sia\/","title":{"rendered":"Donde Dios quiera"},"content":{"rendered":"<figure class=\"wp-block-image wp-block-image--fnztema is-style-full-width\"><picture><source media=\"(min-width: 1280px)\" srcset=\"https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/IMG_0120-SMALL-1366x911.jpg 1x, https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/IMG_0120-SMALL-2400x1600.jpg 2x\"><source media=\"(min-width: 1024px)\" srcset=\"https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/IMG_0120-SMALL-1024x683.jpg 1x, https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/IMG_0120-SMALL-2048x1365.jpg 2x\"><source media=\"(min-width: 768px)\" srcset=\"https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/IMG_0120-SMALL-800x533.jpg 1x, https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/IMG_0120-SMALL-1600x1067.jpg 2x\"><source media=\"(min-width: 200px)\" srcset=\"https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/IMG_0120-SMALL-500x333.jpg 1x, https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2023\/11\/IMG_0120-SMALL-1000x667.jpg 2x\"><img decoding=\"async\" src=\"data:image\/gif;base64,R0lGODlhAQABAAAAACH5BAEKAAEALAAAAAABAAEAAAICTAEAOw==\" alt=\"Img 0120 Small\" \/><\/picture><\/figure>\n\n\n<p>Llaman a la puerta. Es Marcuccia, una anciana se\u00f1ora con el rostro marcado, surcado por el tiempo, que empieza a hablar en un idioma que me cuesta entender, aunque despu\u00e9s me doy cuenta de que habla en un dialecto parecido al m\u00edo de origen.<\/p>\n\n\n\n<p>Me encuentro un peque\u00f1o pueblo de Cassino, sentado en una gran mesa con amigos en la parte trasera de una antigua casa rural restaurada. Tambi\u00e9n hay dos familias que deseaban compartir tiempo y espacio con nosotros para ayudarse a vivir su vocaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La conversaci\u00f3n con Marcuccia se vuelve interesante. Nos cuenta lo \u00faltimo que ha pasado en la zona, los asuntos de su familia y de los vecinos. Se ve que se entera de todo y est\u00e1 atenta a todos, como si de alguna manera todo le perteneciese o al menos tuviera que ver con su vida.<\/p>\n\n\n\n<p>En la mayor parte de los barrios o edificios del mundo sucede lo contrario. Todo lo que no me toca personalmente, quiz\u00e1 porque me priva de algo, no me interesa; as\u00ed se preserva mi tranquila autonom\u00eda, tambi\u00e9n llamada libertad.<\/p>\n\n\n\n<p>Este verano, con ocasi\u00f3n de la visita habitual a las familias de algunos seminaristas, estuve en Estados Unidos. La primera vez que estuve en Nueva York me fascin\u00f3 el torrente de vida que se ve por las calles. Siempre hay algo o alguien que descubrir en cada esquina. Al mismo tiempo, me impresion\u00f3 la indiferencia que se respira hacia todo y con todos. Cada cual va por su lado, atravesando la marea de gente invisible o de hechos ya vistos. Puede que, por el hecho de haber tantas personas, a pesar de vivir en el mismo sitio, en realidad est\u00e1n ausentes, impulsados por el deseo de estar en otro lugar y ayudados por los instrumentos tecnol\u00f3gicos que enga\u00f1an para creer en ello. \u00abYo lo quiero todo\u00bb, dec\u00eda santa Teresita. \u00bfC\u00f3mo se puede estar en un lugar sin \u00abperderse\u00bb el resto? \u00bfC\u00f3mo se puede hacer experiencia del todo dentro de una elecci\u00f3n particular y por tanto limitada?<\/p>\n\n\n\n<p>En mi di\u00e1logo con Marcuccia, le pregunt\u00e9 espont\u00e1neamente c\u00f3mo consegu\u00eda saberlo todo de la gente del pueblo. Uno me dijo que \u00abella es la guardiana, no de este pueblo, sino de esta calle. Naci\u00f3 justo en esta casa y durante 83 a\u00f1os ha vivido aqu\u00ed, yendo de aqu\u00ed para all\u00e1 en bicicleta. Su marido, al que ella describe como un anciano, tiene 93 a\u00f1os\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote\">\n<p>\u00abPara encontrar agua es mejor excavar un pozo de cien metros de profundidad que cien pozos de un metro\u00bb<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>A veces nos preocupamos por encontrar lo que buscamos, vagando, material o espiritualmente, de un sitio a otro. Pero, como dec\u00eda un anciano monje, \u00abpara encontrar agua es mejor excavar un pozo de cien metros de profundidad que cien pozos de un metro\u00bb. La vida es un camino, y cada paso est\u00e1 hecho de unas circunstancias determinadas. Es necesario tener la valent\u00eda y la humildad para estar en ellas, buscar en la profundidad del presente, all\u00e1 donde estemos y en las condiciones que se nos dan, sin ceder a la tentaci\u00f3n de imaginar mundos inexistentes.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEl camino del hombre hacia la verdad y hacia su destino no est\u00e1 a merced de lo que piense uno, o de lo que piensen otros, o la sociedad en que se vive. Es objetivo: no se trata de imaginar o de inventar, sino de seguir\u00bb, dice Giussani en<em> El sentido de Dios y el hombre moderno.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En uno de sus \u00faltimos libros, el padre Mauro Lepori escribe que lo que convierte el instante en una c\u00e1rcel \u00abes la ausencia de un centro en el propio espacio, algo que ames hasta tal punto que el coraz\u00f3n se dilate al poner la mirada en ello\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>El amor a Cristo, pedido en cada instante, permite que nuestro coraz\u00f3n se dilate, como dice el Salmo 119: \u00abt\u00fa dilatas mi coraz\u00f3n\u00bb hasta llegar a abrazar el mundo entero. En el libro <em>Porta la speranza<\/em>, Giussani dice: \u00abEs preciso pensar en el mundo entero, preocuparse por el cristianismo en \u00c1frica y en Asia y no atarearse \u00fanicamente en torno a las desobediencias y las carencias de cada d\u00eda (\u2026). Si uno lleva dentro el sentido del mundo, entonces puede conseguir estar en una celda durante toda su vida con la grandiosa serenidad que tiene la monja de clausura\u00bb. Por este motivo durante el viaje a Estados Unidos percib\u00ed una sinton\u00eda profunda con una frase que le\u00ed en un santuario mariano de Washington D.C. Son las palabras de Frederic Baraga, un misionero esloveno que vivi\u00f3 all\u00ed: \u00abTodo lo que deseo es estar donde Dios quiera\u00bb. Ya se trate de estar siempre de viaje o de pasar toda la vida en la misma calle de un pueblo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El coraz\u00f3n del hombre est\u00e1 hecho para preocuparse por el mundo entero. 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