{"id":8964,"date":"2024-08-05T17:11:56","date_gmt":"2024-08-05T15:11:56","guid":{"rendered":"https:\/\/sancarlo.org\/il-signore-ha-messo-un-seme\/"},"modified":"2024-09-13T09:56:19","modified_gmt":"2024-09-13T07:56:19","slug":"il-signore-ha-messo-un-seme","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sancarlo.org\/es\/il-signore-ha-messo-un-seme\/","title":{"rendered":"El Se\u00f1or ha plantado una semilla"},"content":{"rendered":"<figure class=\"wp-block-image wp-block-image--fnztema is-style-full-width\"><picture><source media=\"(min-width: 1280px)\" srcset=\"https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/COPERTINA-ipotesi2-dimensioni-grandi.jpeg 1x, https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/COPERTINA-ipotesi2-dimensioni-grandi.jpeg 2x\"><source media=\"(min-width: 1024px)\" srcset=\"https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/COPERTINA-ipotesi2-dimensioni-grandi-1024x681.jpeg 1x, https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/COPERTINA-ipotesi2-dimensioni-grandi.jpeg 2x\"><source media=\"(min-width: 768px)\" srcset=\"https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/COPERTINA-ipotesi2-dimensioni-grandi-800x532.jpeg 1x, https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/COPERTINA-ipotesi2-dimensioni-grandi.jpeg 2x\"><source media=\"(min-width: 200px)\" srcset=\"https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/COPERTINA-ipotesi2-dimensioni-grandi-500x332.jpeg 1x, https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/COPERTINA-ipotesi2-dimensioni-grandi-1000x665.jpeg 2x\"><img decoding=\"async\" src=\"data:image\/gif;base64,R0lGODlhAQABAAAAACH5BAEKAAEALAAAAAABAAEAAAICTAEAOw==\" alt=\"Copertina Ipotesi2 Dimensioni Grandi\" \/><\/picture><figcaption>Excursi\u00f3n de j\u00f3venes de secundaria de Roma, acompa\u00f1ados por sacerdotes y seminaristas de la Fraternidad San Carlos.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n<p>Nuestro padre Aldo Trento llevaba unos d\u00edas enfermo. A finales de mayo, cuando su estado empeor\u00f3, don Paolo Sottopietra y yo tomamos el primer vuelo disponible con destino a Paraguay, con la esperanza de verle por \u00faltima vez y, si fuera posible, despedirnos y hablar un poco con \u00e9l. Cuando llegamos, segu\u00eda con terapia intensiva. Pod\u00edamos visitarlo de uno en uno, altern\u00e1ndonos con Patricio, los otros sacerdotes presentes, el hermano de Aldo \u2212que hab\u00eda venido desde Italia con su sobrino\u2212 y los miembros de la fundaci\u00f3n San Rafael que gestiona obras fundadas por \u00e9l. Poco despu\u00e9s, d\u00eda tras d\u00eda, fue mejorando. Hoy, mientras escribo, el padre Aldo est\u00e1 en su casa, rodeado de sus amigos y colaboradores.<\/p>\n\n\n\n<p>Nosotros volvimos a Italia. Entre tantas emociones y pensamientos que me llev\u00e9 a casa, destaco en primer lugar la gratitud por nuestra presencia en la Asunci\u00f3n. Llevamos ah\u00ed treinta y cinco a\u00f1os, desde que don Giussani confi\u00f3 a la amistad y cuidado de dos sacerdotes diocesanos, don Lino y don Alberto, al padre Aldo. \u00bfQui\u00e9n habr\u00eda imaginado que de aquella amistad nacer\u00edan todas esas obras y que, siga existiendo la posibilidad de que la Fraternidad est\u00e9 presente en una misi\u00f3n viva, a pesar de haber vivido en el pasado momentos de fatiga?<\/p>\n\n\n\n<p>Me viene a la mente la par\u00e1bola del Evangelio donde Jes\u00fas compara el Reino de Dios con un grano de mostaza, algo \u00ednfimo, invisible, aparentemente sin valor. Al echarlo a la tierra, con el tiempo, da fruto y llega a convertirse en un \u00e1rbol que supera al resto en altura y estabilidad, hasta el punto de ser un lugar que acoge y resguarda a las aves del cielo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 extraemos en primer lugar de esta imagen? Ante todo, el hecho de que Dios quiere que demos fruto. Quiere que nuestra existencia sea fecunda, que nuestras vidas se realicen. A \u00c9l le interesa nuestra felicidad. Dar fruto, ser fecundos, saber que nuestra vida es \u00fatil nos hace felices. Y la vida m\u00e1s in\u00fatil a ojos de los hombres, para Dios es extraordinariamente valiosa.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote\">\n<p>En nuestras comunidades Dios ve lugares donde lo humano vuelve a florecer<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>El segundo lugar: la mirada de Dios. Cu\u00e1ntas veces al mirarnos a nosotros mismos, ya seamos sacerdotes o laicos, no vemos m\u00e1s que un peque\u00f1o grano de mostaza. Cu\u00e1ntas veces nos sentimos frustrados y nos desanimamos ante la debilidad de nuestras fuerzas o la peque\u00f1ez de nuestras comunidades. Sin embargo, Dios ve en esa peque\u00f1a semilla un \u00e1rbol grande y robusto. En nuestras comunidades, aparentemente insignificantes, ve lugares donde lo humano florece, donde la fe puede comunicarse de nuevo, como la levadura que crece y vuelve dar sentido a nuestras vidas. Esta es la mirada que el Se\u00f1or nos quiere regalar. El don que nos permite mirar con sus ojos se llama esperanza.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta virtud tan querida por Charles P\u00e9guy nos permite dar un \u00faltimo paso indispensable. Para que la peque\u00f1a semilla pueda convertirse en el \u00e1rbol que est\u00e1 llamada a ser, es necesario que acepte ser arrojada a la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>El ofrecimiento de s\u00ed es la ley de la vida. El hombre solo se gana a s\u00ed mismo perdi\u00e9ndose, amando hasta el final, como hizo Cristo con los suyos. Solo as\u00ed es posible que nuestra vida d\u00e9 fruto. Esta es la \u00fanica raz\u00f3n por la que uno va de misi\u00f3n, va a trabajar por la ma\u00f1ana, por la que uno se casa y tiene hijos: para darse. Si lo pensamos, nuestra tristeza no nace tanto del miedo a no ver los frutos, sino del miedo a darnos, de nuestros intentos de reservarnos poco o mucho de lo que tenemos y tememos perder.<\/p>\n\n\n\n<p>La tierra en la que uno muere es la de la Iglesia que toma, para cada uno de nosotros, la forma que Dios ha establecido. Puede ser el rostro de dos esposos, el uno para el otro, la compa\u00f1\u00eda de amigos que hemos reconocido como decisiva para la vida, los hermanos de la casa con los que est\u00e1s de misi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed como las obras que han nacido de la fe y la caridad de nuestros sacerdotes han podido salir adelante gracias a la amistad que las preced\u00eda, esa tierra ha permitido que el grano de mostaza se convirtiera en \u00e1rbol.<\/p>\n\n\n\n<p>Recuerdo lo que me dijo hace a\u00f1os uno de nuestros sacerdotes: es m\u00e1s f\u00e1cil dar un \u00fanico y gran \u00abs\u00ed\u00bb, una vez por todas, que dar muchos \u00abs\u00edes\u00bb cotidianos. Cada d\u00eda estamos llamados a dar ese \u00abs\u00ed\u00bb. Cada d\u00eda estamos llamados a lanzar esa semilla que es nuestra vida en la tierra donde pueda ser fecunda y donde puedan crecer las relaciones m\u00e1s decisivas para nosotros. Pedir a Dios cada d\u00eda su mirada para ver lo que a\u00fan no vemos y que, en cambio, \u00c9l ya est\u00e1 admirando. Con la certeza de que Dios quiere que demos fruto.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El ofrecimiento de s\u00ed en la tierra de la comunidad hace que nuestra vida florezca y sea fecunda. 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