{"id":8968,"date":"2024-07-30T17:46:54","date_gmt":"2024-07-30T15:46:54","guid":{"rendered":"https:\/\/sancarlo.org\/si-e-preso-tutto-il-mio-cuore\/"},"modified":"2024-08-29T16:30:14","modified_gmt":"2024-08-29T14:30:14","slug":"si-e-preso-tutto-il-mio-cuore","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sancarlo.org\/es\/si-e-preso-tutto-il-mio-cuore\/","title":{"rendered":"Ha conquistado mi coraz\u00f3n\u00a0"},"content":{"rendered":"<figure class=\"wp-block-image wp-block-image--fnztema is-style-full-width\"><picture><source media=\"(min-width: 1280px)\" srcset=\"https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/CARUSO-2-dimensioni-grandi.jpeg 1x, https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/CARUSO-2-dimensioni-grandi.jpeg 2x\"><source media=\"(min-width: 1024px)\" srcset=\"https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/CARUSO-2-dimensioni-grandi-1024x768.jpeg 1x, https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/CARUSO-2-dimensioni-grandi.jpeg 2x\"><source media=\"(min-width: 768px)\" srcset=\"https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/CARUSO-2-dimensioni-grandi-800x600.jpeg 1x, https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/CARUSO-2-dimensioni-grandi.jpeg 2x\"><source media=\"(min-width: 200px)\" srcset=\"https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/CARUSO-2-dimensioni-grandi-500x375.jpeg 1x, https:\/\/sancarlo.org\/wp-content\/uploads\/2024\/07\/CARUSO-2-dimensioni-grandi-1000x750.jpeg 2x\"><img decoding=\"async\" src=\"data:image\/gif;base64,R0lGODlhAQABAAAAACH5BAEKAAEALAAAAAABAAEAAAICTAEAOw==\" alt=\"Caruso 2 Dimensioni Grandi\" \/><\/picture><figcaption>Giampiero Caruso reza con los presos en la capilla de una c\u00e1rcel rusa.<\/figcaption><\/figure>\n\n\n<p>Hace veinticinco a\u00f1os durante mi ordenaci\u00f3n en la catedral de los Sagrados Corazones de Jes\u00fas y Mar\u00eda en la Storta (Roma), en el momento de la postraci\u00f3n \u2212pocos segundos antes del peso eterno\u2212 empec\u00e9 a intuir que Cristo me lo estaba pidiendo todo, todo mi coraz\u00f3n. Por entonces no pod\u00eda comprender qu\u00e9 significaba aquello y de qu\u00e9 modo lo realizar\u00eda Cristo. Recuerdo la percepci\u00f3n de estar desnudo ante \u00c9l, solo vestido con la certeza de que, mediante la imposici\u00f3n de las manos, Cristo me hab\u00eda elegido para ser sacerdote suyo. Ya no era una intuici\u00f3n, un deseo, una pregunta. Era un hecho: <em>sacerdote para siempre <\/em>(Heb 6,20).<\/p>\n\n\n\n<p>Inmediatamente despu\u00e9s, fui a nuestra casa de Novosibirsk, en Siberia. All\u00ed tuve que aprender ruso. Recuerdo que apenas balbuceaba unas pocas palabras, era mudo y sordo, mi deseo de comunicar se ve\u00eda frenado. Esta fue la condici\u00f3n mediante la cual comenc\u00e9 a mirar la misi\u00f3n en su realidad: \u00abSoy un instrumento en las manos de Cristo, elegido\u00bb. Ah\u00ed comprend\u00ed que la vocaci\u00f3n y el ofrecimiento eran mi fuerza, no lo que pod\u00eda decir o consegu\u00eda hacer. Necesitaba horas para preparar la misa que celebraba para unas doce personas que acud\u00edan a la capilla de Akademgorodok, (construida en un piso reformado). Horas para aprender a leer el Evangelio, para traducir y repetir varias veces la homil\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Volviendo a aquellos a\u00f1os, veo que fue un tiempo largo de silencio. Las mismas circunstancias eran un regalo para no perder de vista la raz\u00f3n por la que hab\u00eda sido enviado: \u00abEstoy aqu\u00ed por ti, Cristo, para que mi presencia sea signo de Ti\u00bb. \u00a1Todo el coraz\u00f3n! Nosotros no decidimos c\u00f3mo ser \u00fatiles.<\/p>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote\">\n<p>Nosotros no decidimos c\u00f3mo ser \u00fatiles<\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Cada vez que saludaba a un viejo profesor universitario, \u00e9l se arrodillaba y me besaba las palmas de las manos. La primera vez me resist\u00ed, pero \u00e9l, casi rega\u00f1\u00e1ndome, me dijo: \u00abPadre, perm\u00edtame que lo haga porque sus manos son santas\u00bb. Igual que los iconos rusos, donde la perspectiva est\u00e1 invertida porque la realidad se percibe con los ojos de Dios. Ni yo mismo hab\u00eda mirado mis manos de aquel modo.<\/p>\n\n\n\n<p>Cristo tambi\u00e9n conquist\u00f3 mi coraz\u00f3n a trav\u00e9s de las visitas a los presos de las c\u00e1rceles. Al principio la idea de ir me generaba curiosidad y, al mismo tiempo, temor. Tambi\u00e9n ah\u00ed, en la c\u00e1rcel, fue evidente que no me esperaban solo por lo que era capaz de decir, sino porque era signo de Uno que los segu\u00eda amando a pesar de los delitos que hab\u00edan cometido. \u00abPadre, le esperamos, vuelva pronto\u00bb, me dec\u00edan los presos de la c\u00e1rcel de Taguchin, situada a tres horas en tren al norte de Novosibirsk. \u00bfNo es este el grito que todos llevamos en lo m\u00e1s profundo del coraz\u00f3n? \u00bfAcaso no esperamos siempre a Uno que nos haga experimentar que somos \u00fanicos e irrepetibles? Una vez, mientras esperaba al polic\u00eda que me deb\u00eda acompa\u00f1ar a la salida, le pregunt\u00e9 a Sasha si necesitaba algo. Me respondi\u00f3 que no. M\u00e1s tarde me escribi\u00f3 una larga carta en la que me confesaba que mi pregunta le hab\u00eda sorprendido. Nunca se hab\u00edan dirigido a \u00e9l personalmente para preguntarle si necesitaba algo. Quedamos en contacto incluso despu\u00e9s de mi traslado de Novosibirsk a Mosc\u00fa. Esa simple pregunta le marc\u00f3. Estaba enfermo de tuberculosis. Hace unos a\u00f1os dej\u00f3 de responder a mis mensajes. Creo que ya se encuentra en ese abrazo eterno que pregust\u00f3 entre los muros de la c\u00e1rcel. Podr\u00eda contar much\u00edsimas historias sobre las visitas que hice a los presos, no solo en Novosibirsk, tambi\u00e9n en la rep\u00fablica de Mordovia, tras mi estancia en la casa de Mosc\u00fa. Todas estas historias confirman el mismo juicio: el sacerdote es un hombre entre los hombres, pero tiene el poder de llegar a las llagas del hombre para sanarlas, cargando lo que el hombre por s\u00ed solo no puede llevar: \u00abYo te absuelvo de tus pecados\u00bb.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tras veinticinco a\u00f1os entre c\u00e1rceles rusas y estepas siberianas queda una profunda certeza. Las manos de un sacerdote permiten el encuentro con Cristo.<\/p>\n","protected":false},"author":5,"featured_media":8302,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_acf_changed":false,"inline_featured_image":false,"slim_seo":{"title":"Ha conquistado mi coraz\u00f3n\u00a0 - Fraternidad San Carlos","description":"Tras veinticinco a\u00f1os entre c\u00e1rceles rusas y estepas siberianas queda una profunda certeza. 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