Aprender el «buen amor»

¿Se puede hablar a los jóvenes de sexualidad y afecto? En el Politécnico de Milán, un aula llena nos dice que sí.

Ruffini
Marco Ruffini, durante un encuentro de afectividad en la universidad.

Hace cuatro años volví a Bovisa, un barrio situado al norte de Milán. Aquí, en el Politécnico, pasé muchas horas durante mi carrera universitaria como estudiante de arquitectura. Y aquí hoy soy capellán. Tras la pandemia, el espacio destinado a la capilla se ha transformado en un aula de estudio. De modo que soy un capellán sin capilla. Dispongo de dos despachos, pero celebro la misa durante el descanso de la comida en las aulas que la universidad pone a disposición cada vez. Por lo tanto, mucho depende de las relaciones y de la «visibilidad» que mi permanencia en los dos campus consigue tener. Se trata de interceptar las necesidades expresadas y no expresadas de los jóvenes.

Durante el último año, he dedicado mis energías principalmente a preparar y llevar a cabo una serie de encuentros de educación afectiva y sexual que he llamado El taller del orfebre, tomando prestado el título de la obra teatral de Karol Wojtyla. Estuve una tarde entera empapelando las zonas cercanas a las máquinas expendedoras de refrescos y café con mis anuncios, que incluían los detalles de la iniciativa con un fondo con dos anillos de boda. La inscripción decía: «Un taller para aprender el vocabulario del amor». En Ingeniería Mecánica dos chicos, después de echar un vistazo rápido, comentaron: «¡Debe ser un taller de metalurgia!».

A principios del año recopilé decenas de preguntas de los jóvenes, a partir de las cuales imaginé un recorrido dividido en seis lecciones mensuales. A continuación, menciono algunas de ellas, todas interesantes: «¿Cuál es el origen de la postura de la Iglesia sobre la afectividad y la sexualidad? ¿Quererse físicamente no es acaso una forma de bien?», «¿Qué significa realmente la virginidad?», «¿Qué significa acompañarse mutuamente viviendo una relación a distancia?», «¿Cómo se puede tener la paciencia y la libertad de aceptar una respuesta que puede no ser la esperada?», «¿De qué sirve amar y entregarse al otro, sexual y afectivamente, si luego se corre el riesgo de sufrir tanto?», «Me da mucho miedo el matrimonio porque es inevitable que el amor se acabe», «Me cuesta entender con algunas amigas qué es el afecto que siento por ellas. ¿Por qué al pensar en ciertos rostros se me estremece tanto el corazón? ¿Cuál es el límite entre querer y amar?». «¿Cómo es posible caminar juntos cuando se tienen puntos de vista diferentes sobre la sexualidad? ¿En quién confiar para no vivir la relación solos?».

La tarea de dos novios cristianos es volver a empezar siempre.

Las etapas del curso trataron de abarcar estas y otras cuestiones: la educación en el amor como parte del camino educativo personal; el paso del enamoramiento al amor; la promesa del compromiso y la verificación de la relación; una síntesis de la teología del cuerpo de Juan Pablo II; el acto sexual y la enseñanza de la Iglesia sobre las relaciones prematrimoniales; la castidad matrimonial y la virginidad en el carisma de don Giussani. Cada lección se ejemplificó con vídeos, detalles de obras de arte, fragmentos de novelas y testimonios de amigos. Extraíamos los contenidos de textos de Scola, Caffarra y otros discípulos del papa polaco. A pesar de la complejidad y delicadeza de los temas, la participación fue numerosa y muy atenta.

Al final, muchos de ellos compartieron conmigo sus impresiones. Hubo dos que me llamaron especialmente la atención: «¿Cómo es posible que un bien así no sea para abrirse al mundo, para generar más, para profundizar cada vez más juntos?». «Me ha fascinado y reavivado la inmensa capacidad de amar que tiene mi corazón. Sobre todo, cuando al final dijiste: “La tarea de dos novios cristianos es volver a empezar siempre”».

Termino con una cita de san Juan Pablo II, que explica bien por qué espero repetir la experiencia también el próximo año académico: «El amor no es algo que se aprende, y, sin embargo, ¡no hay nada que sea tan necesario aprender! […] Si se ama el amor humano, surge también la viva necesidad de comprometer todas las fuerzas en favor del “buen amor”. Porque el amor es bello».

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