Llamados a estar con Él

En Turín, muchos jóvenes han quedado marcados por un encuentro. Es Cristo, que llama para seguirlo.

20250531 torino maggio in oratorio 1 dimensioni grandi
Don Paolo Pietroluongo con jóvenes durante un concierto en la parroquia.

Durante una convivencia con algunos alumnos del último curso de bachillerato, una chica, Simona [este y los demás nombres son ficticios], que forma parte desde hace varios años de nuestro grupo de jóvenes, se me acercó: «Tengo que decirte algo que nunca me había atrevido a decir: en realidad no estoy bautizada». Estaba llena de vergüenza y temía que yo reaccionase mal. Pensaba que me enfadaría. «¿Por qué no me lo habías dicho antes, si llevas cuatro años con nosotros?», le respondí espontáneamente. Mientras tanto, me vinieron a la cabeza todas las veces que la había visto cantar en misa, participar en nuestros retiros, rezar y guardar silencio. «Tenía miedo de decírtelo; me sentía distinta. Ahora que estoy a punto de terminar el bachillerato, entiendo que eso diferente que he encontrado aquí con vosotros es Dios que me ha llamado. Deseo recibir el bautismo para pertenecer aún más a esta comunidad».

Más tarde, Simona se unió a Enzo, que había sido invitado a nuestros encuentros por un amigo y  lleva con nosotros dos años, mostrando interés y curiosidad. También Enzo habló conmigo en privado para pedirme recibir el bautismo después de nuestras catequesis sobre Jesús. Se convenció al escuchar decir a uno de nosotros: “¿Y si en vez de razonar como si Dios no existiera, empezáramos a vivir como si realmente estuviera presente? ¿Y si detrás de todo lo que nos sucede, en lugar del azar, estuviera Él hablándonos?”.

A su vez, Enzo y Simona se unieron a otros tres jóvenes que ya el año pasado habían pedido iniciar un camino para entrar a formar parte de la Iglesia. Los motivos que los impulsaron fueron muy diferentes. Uno de ellos, al descubrir el amor de su novia, descubrió también el amor de Dios por él. El otro chico buscaba la paz interior y, desde que empezó a rezar, la experimenta. Pronto se casará con su novia y ya ha pedido el bautismo también para el hijo que esperan. Otra joven sintió la necesidad de acercarse a la Iglesia para encontrar un sentido al mal que había sufrido en su vida. Todos ellos menores de treinta años. Durante el verano entre los hermanos de la Fraternidad hablamos de este hecho y nos sorprendía, pues no es habitual tener a cinco catecúmenos a la vez. Pero quizá el Señor quiere hacernos partícipes de algo nuevo.

Cinco catecúmenos: quizá el Señor quiere hacernos partícipes de algo nuevo.

Después de estos episodios, empezamos a recibir una serie de peticiones, una tras otra: un correo electrónico de una joven extranjera que, al entrar en nuestra iglesia, comprendió que Dios la estáaba llamando y pidió comenzar un camino; un feligrés que nos presentó a un antiguo alumno suyo y le remitió a nuestra compañía; una dependienta de una tienda del barrio que llamó a nuestra puerta y preguntó: “¿Qué hay que hacer para recibir el bautismo?”. Por último, una joven extranjera a la que el Señor había tocado el corazón años atrás, pero que, por motivos de discriminación en su país, nunca había podido recibir el bautismo. Se presentó en la iglesia después de una misa para pedir retomar el camino espiritual que había quedado interrumpido.

Nueve catecúmenos en el plazo de un año; los últimos seis, en apenas unos meses. Todas estas historias, aquí apenas esbozadas por discreción, tenían una palabra en común: llamada. Estas personas contaban que se habían sentido llamadas por Dios, atraídas por una palabra, un encuentro o una experiencia interior. Acudieron a la Iglesia para ser acompañadas. ¿No sucedía así también en tiempos de Jesús de Nazaret? ¿No sigue ocurriendo hoy entre nosotros, que ya somos miembros de su Cuerpo? Cristo sigue tocando los corazones. Él es el verdadero misionero que llama a los hombres hacia sí. Cristo nos llama también a nosotros y sigue haciéndolo cada día, a veces de manera casi imperceptible. Nos llama a seguirle y a estar con Él. Y nos pide vivir esta experiencia de seguimiento junto con toda su Iglesia, con los hermanos que ha puesto a nuestro lado.

Contenido relacionado

Ver todo
  • Testimonios

La misión del frutero ateo

En una remota aldea colombiana, una semana de misión para los universitarios (y un frutero) de Bogotá.

  • Andrea Sidoti
  • Carlo Zardin
Leer
  • Testimonios

La alegría de entregarlo todo

Entre Polonia, Alemania e Italia. La historia de sor Alina, que el 25 de marzo profesó los votos definitivos en las Misioneras de San Carlos Borromeo.

  • suor Alina Graz
Leer
  • Testimonios

La mejor parte

De un estudio de arquitectura de Milán a la consagración definitiva en las Misioneras de San Carlos Borromeo. La historia de sor Francesca Favero.

  • suor Francesca Favero
Leer