¿Qué hecho para merecer todo esto?

Del primer encuentro al sacramento: el testimonio de un adulto que recibió el bautismo.

LAVELLI battesimo bologna
El bautismo de Asllan, parroquia de San Isaías (Bolonia).

«Hola, don Stè, ¿cuándo podemos vernos?». «El 8 de marzo». Aquel día de 2023 tuve un encuentro especial. Ya lo conocía, pero fue la primera vez que aquel muchachote de ojos claros me pidió con determinación algo importante: el sacramento del Bautismo.

Asllan nació en un pequeño pueblo cerca de Durrës, en Albania, donde vivió hasta los ocho años. Cuando tenía nueve, se trasladó con su familia a Italia. Sus padres fueron buscando trabajo entre Ancona y Bassano del Grappa. Allí aprendió a leer, a escribir y a hablar italiano, antes de establecerse más tarde en Rávena.

«Era un niño sencillo, me gustaba jugar y divertirme. Al crecer empecé a tener preguntas sobre el sentido de la vida, pero hasta la universidad esas preguntas nunca se habían cruzado con el mundo de la Iglesia. Mis padres son ateos y yo no estaba bautizado. Cuando empecé la universidad conocí la realidad de Comunión y Liberación porque un amigo del instituto me invitó a vivir en un piso del CLU. La vida en común me fascinó desde el primer momento, hasta el punto de despertar en mí un fuerte deseo de comprender qué –o mejor, Quién– impulsaba a aquellos chicos a vivir tan apasionadamente la vida, con los demás e incluso conmigo».

«Comprendí que todo aquello tenía que ver con Cristo».

Desde el primer año de universidad, Asllan se sumergió en una vida comunitaria en la que se compartía el estudio, se hacía Escuela de comunidad, caritativa y misa semanal. Con el paso del tiempo, sin embargo, se dio cuenta de que aquel atractivo inicial que veía en los demás no acababa de hacerse suyo, y se fue alejando poco a poco. Hasta que, durante unas vacaciones de verano en 2019, algo volvió a despertarse en su interior.

«Volví a pensar en algunos rostros y en algunos acontecimientos: la inesperada invitación a la boda de un amigo mío (¿por qué precisamente a mí?), el perdón que recibí de mis padres por algo que les había ocultado, la paciencia de mi novia, que, a pesar de algunas de mis rigideces, siempre permaneció a mi lado. Comprendí que yo también deseaba amar y querer de una manera nueva, una manera que entendí que no nacía de mí, sino que podía aprender siguiendo a alguien más grande que yo».

Al convivir con aquellos amigos, el reconocimiento de la propia incapacidad para amar iba unido al descubrimiento de saberse amado y al deseo, cada vez más profundo, de corresponder a ese amor gratuito de un modo estable y definitivo. «Comprendí que todo aquello tenía que ver con Cristo. Por eso quería conocerlo más». Asllan habló de este deseo con don Marco Ruffini, el sacerdote que acompañaba al CLU de Bolonia por aquellos años, y así comenzó un camino de preparación para el Bautismo. Pero en 2020 llegó la pandemia de COVID y todo se detuvo. Mi llegada a Bolonia coincidió con un renovado impulso por parte de Asllan, que me dijo: «Me gustaría retomar este camino contigo».

A partir de aquel día comenzó un trato más frecuente: cenas con algunos amigos comunes, conversaciones sinceras, catequesis junto al grupo de catecúmenos de la diócesis de Bolonia, coronadas más tarde por un hermoso encuentro-testimonio con el cardenal Matteo Zuppi. Después llegaron los escrutinios y los ritos preparatorios celebrados durante las misas del CLU, hasta llegar, finalmente, al día del Bautismo.

Unos días antes de la celebración, Asllan me dijo: «Don Stè, ¿qué he hecho para merecer todo esto?». «Nada», le respondí de inmediato. Luego, tras pensarlo un instante, me corregí: «Bueno, una cosa sí has hecho: has dicho «sí». No dejes de hacerlo».

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