Algo que trasforme la vida

Cuidando las relaciones puede comenzar un camino común. Un relato de la vida misionera en la parroquia del Sagrado Corazón en Boston.

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La parroquia Sacred Hearth, Boston

Hace mucho tiempo que East Boston ya no está habitado por los italoamericanos que habían moldeado el alma del barrio. Se han trasladado a otros lugares o han desaparecido por asimilación. En los últimos veinte años, la zona ha sido repoblada por latinos, principalmente procedentes de El Salvador y Colombia. Es una comunidad consolidada que abarca varias generaciones. Para la mayoría de los habitantes, el inglés es la primera lengua, algo que no es obvio en los enclaves hispanos que salpican los Estados Unidos. Pero en tiempos de redadas policiales fronterizas y repatriaciones de inmigrantes ilegales, también en esta zona hay inevitablemente cierta tensión. En este contexto se encuentra la parroquia del Sagrado Corazón, dirigida por los sacerdotes de la Fraternidad San Carlo, uno de los polos de la misión de Boston. La responsabilidad de esta comunidad llegó hace cinco años, tras una larga experiencia parroquial en una zona periférica- con una historia y un tejido social muy diferentes. Sacred Heart se encuentra en el corazón popular de la ciudad, con sus colores y sus dramas, y es a su vez el corazón de la misión de la Fraternidad, que se articula entre la parroquia, la enseñanza y la ayuda a la comunidad de Comunión y Liberación. Don Paolo Cumin es el párroco. Con él está don Luca Brancolini. Don Michele Benetti y don Luis Hernández se reparten entre la parroquia y la enseñanza en el instituto Bishop Fenwick, situado al norte de Boston, a unos cuarenta minutos. Su experiencia en el aula les ha llevado de forma natural a comprometerse con los jóvenes de Gioventù Studentesca, que si bien no son muchos, lo son en cuanto a la vivacidad de la experiencia.

Todos buscan algo que transforme su vida, algo que la vuelva grande.

La comunidad parroquial está compuesta por unas 350 familias. Lo que se desprende es «una gran sed de crecer en la fe», dice Cumin. Otra forma de decir lo mismo es que «las propuestas demasiado intelectuales no funcionan de inmediato»: las personas necesitan una hipótesis cristiana que ilumine todos los aspectos de la vida. Después de cada misa hay un momento de convivencia con café y donuts en el salón situado debajo de la iglesia. Se trata de un momento importante porque si se cuidan las relaciones, se puede comenzar un camino común. Una vez al mes, algunas familias se reúnen a comer con los sacerdotes para hablar sobre el matrimonio. Mientras los hijos juegan, ellos profundizan sobre aspectos fundamentales de su vocación. De encuentros como estos comienzan a surgir otras preguntas, por ejemplo, sobre la política o la relación con el dinero, cuestiones que son difíciles de abordar en una cultura que ha interiorizado la soberanía absoluta del individuo en su esfera privada.

Una vez al mes se propone una iniciativa muy sentida en la comunidad: los feligreses preparan una comida para los necesitados de la zona. Acuden personas de todo el barrio, incluso de fuera de los límites de la parroquia, porque la necesidad es grande. Para introducir el momento, los sacerdotes han comenzado a proponer, con discreción, algunos pasajes de Giussani sobre la caridad. Para algunos miembros de la comunidad de Comunión y Liberación se ha convertido en un gesto de caridad. Cada semana, don Michele dirige el estudio bíblico, la lectura guiada de las Escrituras, un gesto muy extendido en la catequesis estadounidense. Con el tiempo se están consolidando algunos vínculos entre la parroquia y el movimiento de CL. Para muchos en la comunidad, la misión de San Carlos es un punto de referencia estable, y algunos feligreses han comenzado a seguir la Escuela de Comunidad. En las últimas vacaciones de verano del Movimiento fueron unos doce feligreses nuevos. «Dentro de toda la fuerza omnipresente del individualismo estadounidense, las personas con las que nos encontramos intuyen que nuestra fe tiene algo que decir a la vida, en todos sus aspectos», explica Cumin. «Al final, todos buscan algo que transforme su vida, algo que la vuelva grande».

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