Para ser más felices

En una aldea de la sabana keniata, de vacaciones misioneras con niños, descubriendo que la verdadera felicidad se encuentra en el amor gratuito.

Bonanni
Juegos con niños en Ol’ Moran (Kenia).

¿Qué despierta el corazón de nuestros jóvenes? Esta es la pregunta que nos hemos planteado en el pequeño grupo de adultos que en Nairobi acompaña a unos treinta universitarios de Comunión y Liberación. Al repasar la historia de los últimos dos años, hemos observado que la experiencia que más fascina a los jóvenes es la caritativa. Por eso, durante el mes de agosto, decidimos hacer unas vacaciones un poco diferentes. Fuimos a Ol’ Moran, un pueblo de la sabana keniana donde un sacerdote amigo nuestro nos acogió durante cinco días. La propuesta era una serie de actividades caritativas. Unas vacaciones misioneras para llevar también a quienes no conocen a Jesús lo que nosotros hemos tenido la suerte de encontrar en Nairobi.

Guiados por la pregunta «¿qué significa amar de verdad?», comenzamos cinco días de convivencia. Cinco días de silencio, asambleas, increíbles cielos estrellados y, sobre todo, caridad hacia los niños del pueblo. Todos los días nos preparábamos para la jornada rezando los Laudes y leyendo un pasaje de don Giussani sobre la caridad cristiana. Luego, jugábamos, cantábamos y rezábamos con los niños del pueblo o en el orfanato de la parroquia. Al final del día, representábamos escenas sobre la vida de Jonás, para decirles lo bonito que es seguir los planes de Dios.

Algunos chicos confesaron que habían llegado a las vacaciones un poco cansados y desanimados. Algunos esperaban unos días de descanso, no de trabajo, incluso más agotador que el de la vida universitaria. Otros pensaban que ir a un pueblo era dar un paso atrás con respecto a la vida en la ciudad. Muchos de ellos habían trabajado duro bajo el sol para reunir el dinero necesario para venir de vacaciones y ahora querían disfrutarlas. Bastaron unas pocas horas con los niños discapacitados y huérfanos de las monjas para cambiar toda su perspectiva y abrir un mar de preguntas.

Querían seguir viviendo así, entregándose sin pedir nada a cambio.

Muchos se dieron cuenta de que, al final de un día bajo el sol africano, aunque cansados, eran mucho más felices que antes. Una chica nos confesó que un día, ante tanta belleza, le entraron ganas de sacar el móvil y compartir un vídeo en las redes sociales, para conseguir likes y ser así más feliz. Entonces recordó lo que se había dicho por la mañana: «El amor verdadero busca el bien del otro, no nuestro propio beneficio». Así que guardó el móvil en el bolsillo y siguió jugando. Otra chica, en cambio, se preguntó qué significa amar si al cabo de unos días volveríamos a Nairobi, dejando a los niños en el pueblo. Algunos dijeron que quizás amar es mostrar la presencia de Dios, que nos ama y conoce el nombre de cada uno de esos niños pobres, que a su vez solo podrán conocerse si los amamos así, recordando su nombre. Otra chica nos contó cómo un hombre del pueblo se le había acercado para preguntarle: «¿Cuánto os pagan por jugar y estar todo el día con los niños?». Ella respondió que no les pagaban nada: «El amor gratuito de Dios que hemos recibido se derrama sobre los niños que nos rodean».

Al final de la semana estábamos cansados pero felices. La mayoría de los chicos pidieron quedarse más tiempo en el pueblo. Querían seguir viviendo así, amando desinteresadamente a los niños menos afortunados, junto con sus amigos, entregándose sin pedir nada a cambio. Algunos comentaron que quizá sería bonito vivir así también en Nairobi. Una chica señaló tímidamente que fueron precisamente los niños pobres y discapacitados los que fueron caritativos con ellos, los jóvenes de la ciudad.

Esto es lo que nos llena el corazón, tanto a nosotros como a los chicos con los que estamos: la felicidad de poder amar y ser amados, gratuitamente, sin cálculos, para siempre. Imitar a Dios en su dar gratuito e infinito.

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