La mirada puesta en Otro

Encuentros con las familias sobre la educación, la comunicación entre marido y mujer o el uso de la tecnología. Testimonio desde Taipei.

Hace un año y medio un matrimonio me preguntó por la posibilidad de empezar un grupo para las familias de la parroquia. Así, comenzamos a juntarnos una vez al mes con cinco familias, para afrontar las preguntas que más nos urgían: la comunicación entre marido y mujer y la relación con los suegros. Después de estos primeros encuentros, entre los temas que propuse para afrontar, hablamos sobre la comunicación en familia, el uso de las tecnologías, especialmente el que damos al móvil. En este periodo conocí mejor a Shuwen, una parroquiana que ha empezado a venir a la iglesia desde hace dos años y que, además de ser madre de dos hijos −la primera está en la universidad y el segundo, en bachillerato−, es directora en un instituto católico de más de tres mil alumnos. Por ello, se me ocurrió la idea de invitarle a hablar al encuentro de las familias de noviembre, para compartir los criterios con los que educa a sus hijos y alumnos.

Al tocar el tema sobre el uso de la tecnología, Shuwen compartió con sencillez y profundidad la razón que está detrás de las decisiones que toma en el colegio y en casa. Se trata de educar a los hijos −nos decía− en dejar que los demás entren en nuestra vida. Dijo una expresión que se podría traducir así: «tener a los demás en la mirada». El riesgo de las tecnologías es que, por mucho que nos aseguren acercarnos los unos a los otros, en realidad nos dejan solos delante de nosotros mismos. Descuidamos el espacio que damos a los demás y nos quedamos solos y alejados del resto. De ahí −proseguía−, la importancia en casa y en el colegio de definir espacios y tiempos de la vida: el dónde y cuándo se come, cuándo se descansa, cuándo se hacen los deberes y cuándo se usa el móvil. Atentos a las necesidades de cada uno, es necesario ayudar a los jóvenes a tomar decisiones conscientes, sosteniéndolos con paciencia y con reglas claras razonadas, partiendo siempre del ejemplo. De este modo, en su colegio la directora Shuwen desafía a los alumnos antes de las clases a poner el móvil en una bolsa aparte para evitar distracciones. En cambio, en casa pide que no se lleven el móvil a su habitación. Me impresiona la claridad de las decisiones de Shuwen. Las percibía en consonancia con el modo en que he sido educado por la Fraternidad a lo largo del seminario y de estos primeros años de sacerdocio. Ha sido una gracia compartir con nuestros nuevos amigos las decisiones y razones que me interesan, a través del testimonio de uno que ya las vive.

La belleza de la compañía cristiana no está en el hecho de tener la solución a todos los problemas. Se nos ha donado una amistad que nos despierta la mirada y nos hace seguir hacia delante dirigiéndola hacia Él.

Durante el primer encuentro de este año retomamos las palabras de Shuwen. Una madre nos cuenta el último periodo en su casa. Los años de matrimonio no han sido fáciles y ella vino aquí sola. El marido no está bien de la cabeza, le cuesta admitirlo y dejarse ayudar. En el último tiempo se ha convertido en un tercer hijo al que cuidar, además de los otros dos, uno de cinco años y otro recién nacido. A veces la situación se vuelve tensa para ella, que tiene dos trabajos. «¿Por qué no lo dejas?», le preguntan sus colegas y amigos. Ella responde: «Quiero serle fiel en la alegría y en el dolor, en la salud y en la enfermedad», también cuando la cruz es tan pesada. «¿Pero cómo haces para apañártelas y estar hasta contenta?», le pregunta una compañera de trabajo. Ella nos confía: «Creo que la clave está en lo que nos contaba Shuwen: hace falta tener a los demás en la mirada. Gracias a Dios, tengo a mi marido, mis hijos y sobre todo a Él en la mirada. Esto me ayuda a afrontarlo todo de manera diferente, a pedir la fuerza que necesito».

Concluimos el encuentro con la promesa de recordarnos los unos a los otros en la oración a la Virgen. La belleza de la compañía cristiana no está en el hecho de tener la solución a todos los problemas. Se nos ha donado una amistad que nos despierta la mirada y nos hace seguir hacia delante dirigiéndola hacia Él.

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